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“En el tiro con arco, la diana se alcanza sin haber apuntado. Incluso no se alcanza realmente la diana sino con esta condición.”

Pierre Grison

.“Lie-uk’eu (Lie Tse) tiraba con arco en presencia de Pai-hunn-u-jenn, con una taza de agua sujeta al codo izquierdo. Tensaba el arco, al máximo, con la mano derecha, disparaba, colocaba otra flecha, volvía a disparar; y así sucesivamente, con la impasibilidad de una estatua, sin que el agua de la taza vacilara. Pai-hunn-u-jenn le dijo:

-Tu tiro es el de un arquero totalmente ocupado en su tiro, no el de un arquero indiferente hacia su tiro. Ven conmigo a una alta montaña, al borde de un precipicio, y veremos si todavía conservas esa presencia de ánimo.

Los dos hombres así lo hicieron. Pai-hunn-u-jenn se plantó al borde del precipicio, de espaldas al abismo, con los talones que sobresalían en el vacío (y eso que el arquero debe echarse hacia atrás para tensar el arco), y luego saludó a Lie-uk’eu según los ritos, antes de empezar a disparar. Pero Lie-uk’eu, presa del vértigo, ya yacía por el suelo, chorreando sudor hasta los talones. Pai-hunn-u-jenn le dijo:

-El superhombre hunde su mirada en las profundidades del cielo, en los abismos de la tierra, en la lejanía del horizonte sin que su ánimo se conmueva. Me parece que tienes la mirada perdida y que, si disparases, no darías en el blanco.”

Lie Tse, Tratado del vacío perfecto

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Éste es, a mi modo de ver, uno de los ensayos más bellos e inspirados de Jorge Luis Borges que podemos encontrar en ese fantástico compilado conocido como Otras Inquisiciones, un libro donde el autor nos deslumbra con su infinita lucidez al tratar aquellos temas que siempre ocuparon un lugar central en la mayoría de sus obras, temas recurrentes que evocan la reminiscencia de nuestra olvidada naturaleza, tales como el tiempo, el universo, el infinito, la eternidad..

El espejo de los enigmas

El pensamiento de que la Sagrada Escritura tiene (además de su valor literal) un valor simbólico no es irracional y es antiguo: está en Filón de Alejandría, en los cabalistas, en Swedenborg. Como los hechos referidos por la Escritura son verdaderos (Dios es la Verdad, la Verdad no puede mentir, etcétera), debemos admitir que los hombres, al ejecutarlos, representaron ciegamente un drama secreto, determinado y premeditado por Dios. De ahí a pensar que la historia del universo -y en ella nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas- tiene un valor inconjeturable, simbólico, no hay un trecho infinito. Muchos deben heberlo recorrido; nadie, tan asombrosamente como León Bloy. (En los fragmentos psicológicos de Novalis y en aquel tomo de la autobiografía de Machen que se llama The London Adventure, hay una hipótesis afín: la de que el mundo externo -las formas, las temperaturas, la luna- es un lenguaje que hemos olvidado los hombres, o que deletreamos apenas… También la declara De Quincey[1]: “Hasta los sonidos irracionales del globo deben ser otras tantas álgebras y lenjuajes que de algún modo tienen sus llaves correspondientes, su severa gramática y su síntaxis, y así las mínimas cosas del universo pueden ser espejos secretos de los mayores”.

Un versículo de San Pablo (I, Corintios, XIII, 12) inspiró a León Bloy. Videmus nunc per speculum in aenigmate: tunc autem facie ad faciem. Nunc cognosco exparte: tunc autem cognoscam sicut et cognitus sum. Torres Amat miserablemente traduce: “Al presente no vemos a Dios sino como en un espejo, y bajo imágenes oscuras: pero entonces le veremos cara a cara. Yo no le conozco ahora sino imperfectamente: mas entonces le conoceré con una visión clara, a la manera que soy yo conocido.” Cuarenta y cuatro voces hacen el oficio de veintidós; imposible ser más palabrero y más lánguido. Cipriano de Valera es más fiel: “Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido.” Torres Amat opina que el versículo se refiere a nuestra visión de la divinidad; Cipriano de Valera (y León Bloy) a nuestra visión general.

Que yo sepa, Bloy no imprimió a su conjetura una forma definitiva. A lo largo de su obra fragmentaria (en la que abundan, como nadie lo ignora, la quejumbre y la afrenta) hay versiones o facetas distintas. He aquí unas cuantas, que he rescatado de las páginas clamorosas de Le mendiant ingrat, de Le Vieux de la Montagne y de L’invendable. No creo haberlas agotado: espero que algún especialista en León Bloy (yo no lo soy) las complete y las rectifique.

La primera es de junio de 1894. La traduzco así: “La sentencia de San Pablo: Videmus nunc per speculoum in aenigmate sería una claraboya para sumergirse en el Abismo verdadero, que es el alma del hombre. La aterradora inmensidad de los abismos del firmamento es una ilusión, un reflejo exterior de nuestros abismos, percibidos “en un espejo”. Debemos invertir nuestros ojos y ejercer una astronomía sublime en el infinito de nuestros corazones, por los que Dios quiso morir. Si vemos la Vía Láctea, es porque existe verdaderamente en nuestra alma.”

La segunda es de noviembre del mismo año: “Recuerdo una de mis ideas más antiguas. El Zar es el jefe y el padre espiritual de ciento cincuenta millones de hombres. Atroz responsabilidad que sólo es aparente. Quizá no es responsable, ante Dios, sino de unos pocos seres humanos. Si los pobres de su imperio están oprimidos durante su reinado, si de ese reinado resultan catástrofes inmensas, ¿quién sabe si el sirviente encargado de lustrarle las botas no es el verdadero y solo culpable? En las disposiciones misteriosas de la Profundidad, ¿quién es de veras Zar, quién es rey, quién puede jactarse de ser un mero sirviente?.”

La tercera es de una carta escrita en diciembre: “Todo es símbolo, hasta el dolor más desgarrador. Somos durmientes que gritan en el sueño. No sabemos si tal cosa que nos aflige no es el principio secreto de nuestra alegría ulterior. Vemos ahora, afirma San Pablo, per speculum in aenigmate, literalmente: en enigma por medio de un espejo y no veremos de otro modo hasta el advenimiento de Aquel que está todo en llamas y que debe enseñarnos todas las cosas”.

La cuarta es de mayo de 1904. “Per speculum in aenigmate, dice San Pablo. Vemos todas las cosas al revés. Cuando creemos dar, recibimos, etc. Entonces (me dice una querida alma angustiada) nosotros estamos en el cielo y Dios sufre en la tierra.”

La quinta es de mayo de 1908. “Aterradora idea de Juana, acerca del texto Per speculum. Los goces de este mundo serían los tormentos del infierno, vistos al revés, en un espejo.

La sexta es de 1912. En cada una de las páginas de L’Ame de Napoleón, libro cuyo propósito es descifrar el símbolo Napoleón, considerado como precursor de otro héroe -hombre y simbólico también- que está oculto en el porvenir. Básteme citar dos pasajes: Uno: “Cada hombre está en la tierra para simbolizar algo que ignora y para realizar una partícula, o una montaña, de los materiales invisibles que servirán para edificar la Ciudad de Dios.” Otro: “No hay en la tierra un ser humano capaz de declarar quién es, con certidumbre. Nadie sabe qué ha venido a hacer a este mundo, a qué corresponden sus actos, sus sentimientos, sus ideas, ni cuál es su nombre verdadero, su imperecedero Nombre en el registro de la Luz… La historia es un inmenso texto litúrgico donde las iotas y los puntos no valen menos que los versículos o capítulos íntegros, pero la importancia de unos y de otros es indeterminable y está profundamente escondida.”

Los anteriores párrafos tal vez parecerán al lector meras gratitudes de Bloy. Que yo sepa, no se cuidó nunca de razonarlos. Yo me atrevo a juzgarlos verosímiles, y acaso inevitables dentro de la doctrina cristiana, Bloy (lo repito) no hizo otra cosa que aplicar a la Creación entera el método que los cabalistas judíos aplicaron a la Escritura. Estos pensaron que una obra dictada por el Espíritu Santo era un texto absoluto: vale decir un texto donde la colaboración del azar es calculable en cero. Esa premisa portentosa de un libro impenetrable a la contingencia, de un libro que es un mecanismo de propósitos infinitos, les movió a permutar las palabras escriturales, a sumar el valor numérico de las letras, a tener en cuenta su forma, a observar las minúsculas y mayúsculas, a buscar acrósticos y anagramas y a otros rigores exegéticos de los que no es difícil burlarse. Su apología es que nada puede ser contingente en la obra de una inteligencia infinita.[2] León Bloy postula ese carácter jeroglífico -ese carácter de escritura divina, de criptografía de los ángeles- en todos los instantes y en todos los seres del mundo. El supersticioso cree penetrar esa escritura orgánica: trece comensales articulan el símbolo de la muerte; un ópalo amarillo, el de la desgracia…

Es dudoso que el mundo tenga sentido; es más dudoso aun que tenga doble y triple sentido, observará el incrédulo. Yo entiendo que así es; pero entiendo que el mundo jeroglífico postulado por Bloy es el que más conviene a la dignidad del Dios intelectual de los teólogos.

Ningún nombre sabe quién es, afirmó León Bloy. Nadie como él para ilustrar esa ignorancia íntima. Se creía un católico riguroso y fue un continuador de los cabalistas, un hermano secreto de Swedenborg y de Blake: heresiarcas.


[1] Writings, 1896, volumen primero, página 129.

[2] ¿Qué es tuna inteligencia infinita?, indagará tal vez el lector. No hay teólogo que no la defina; yo prefiero un ejemplo. Los pasos que da un hombre, desde el día de su nacimiento basta el de su muerte, dibujan en el tiempo una inconcebible figura. La Inteligencia Divina intuye esa figura inmediatamente, como la de los hombres un triángulo. Esa figura (acaso) tiene su determinada función en la economía del universo.

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Una de los objetivos de este blog es rescatar aquellas pequeñas manifestaciones artísticas, soportes simbólicos comúnmente soslayados, que nos abstraen por un momento de la corriente alienante, consumista e inhumana dominante, desde hace ya varios años, en la sociedad moderna; elevándonos suavemente, hacia un estadío en el que podemos entrever aquella sacralidad olvidada siempre presente en todo lo que nos rodea, opacada por la visión profana o profanadora del mundo, de este mundo que sólo recobra su sentido cuando estamos dispuestos a contemplar el destello regenerador de sus símbolos.
La prolífica banda sueca Therion, dueña de un estilo difícil de encasillar con las típicas etiquetas que tanto abundan entre los subgéneros del metal, comenzó su andanza a principios de los 90, ejecutando un death metal duro, denso, de una oscuridad abrumadora, pero sin demasiadas pretensiones. Sin embargo,  disco tras disco, Christofer Johnsson, el cerebro detrás de la bestia, logró consolidar un experimento musical sin precedentes, incorporando arreglos melódicos cada vez más complejos, letras maduras y harto profundas, algunas provenientes de la mano de su amigo y asiduo colaborador Thomas Karlsson. Los coros ostentosos y las voces líricas tomaron una presencia cada vez más preponderante, hasta implantar un nuevo paradigma en la escena musical europea, siendo considerados sino como pioneros, al menos como los principales exponentes del metal sinfónico (aunque en realidad, sea mucho más que eso).
Desde la crudeza sombría de sus primeros discos, hasta la sublimación musical que asciende como volutas de humo hacia lo alto del firmamento, con álbumes fantásticos como Vovin, Lemuria, Sirius B o su impresionante último trabajo, Gothic Kabbalah, como si de una obra alquímica se tratase, si se me permite tal comparación, los suecos nos invitan a sumergirnos en lo más profundo de nuestras almas mientras nos dejamos arrastrar por un camino sempirterno, intemporal, signado por la misteriosa armonía de sus composiciones.
Les dejo esta canción llamada Abraxas, que forma parte del interesantísimo disco Lemuria, editado en el 2004

Abraxas
[Lyrics by Thomas Karlsson]
[Music by Christofer Johnsson]

Eros and Thanatos are brances on the same old tree
Rooted in the soil of shadow and light
If God was seperated from the dark twin, the Devil
Could he ever know the soul of mankind?

We want a new god called Abraxas!

Enter the Pleroma and see that nothingless is all
And you must destroy a world to be born
Alpha and Omega are the beginning and the end
United in the shape of Abraxas

Darkness and the light
Sermones ad Mortous, empty fullness
Abraxas, your words is a riddle to be solved

You bear the mark of Cain
And you are fighting like a bird
(To) free you from the egg, the egg is all the world
The Sermon to the Dead
A gospel to another life
Hear the words of Cain, the sinner and the saint
The grave is a flower
And you are dying to be born
Baptized by fire and you will slough your skin
The sign of Abraxas
The circle of the solar year
Deep in the winter you’ll see the sun be born

“¡Hermanos de la verdad! Dejad vuestra piel como la serpiente suelta su camisa. Marchad como camina la hormiga sin que nadie sienta el ruido de sus pasos. Imitad al alacrán, que lleva el aguijón en la punta de su cola, pues por detrás es por donde Satanás intenta sorprender al hombre. Tomad veneno para manteneros vivos. Amad la muerte para guardar la vida. Permaneced en vela permanente, sin buscar un cobijo concreto, pues en el nido es donde más y mejor se captura a los pájaros. Si carecéis de alas, robadlas. Si es necesario, procuraos las alas con astucia, que el mejor avizor es quien tiene fuerza para emprender el vuelo. Sed como el avestruz, que engulle guijarros calientes; como los buitres, que se tragan los huesos más duros; como la salamandra, que no teme al fuego; como el murciélago, que jamás sale de día; pues sí: el murciélago resulta ser el más listo de los pájaros.
¡Hermanos de la verdad! El más valiente es el que se atreve a afrontar el mañana; el más cobarde, el que siempre anda atrasado en su perfección.”

Avicena, Risâla del pájaro

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“«Irse al bosque», «emboscarse» – lo que detrás de esas expresiones se esconde no es una actividad idílica. Antes al contrario, el lector de este escrito habrá de disponerse a emprender una excursión que da que pensar, una caminata que conducirá no sólo allende los senderos trillados, sino también allende los límites de este libro.”

Con estas palabras nos advierte Jünger al inicio de su obra La emboscadura sobre la dificultad del viaje que supone convertirse en un “emboscado”.
El emboscado es aquel que se propone reencontrar la dignidad primera del ser humano, que pretende conquistar la libertad que da acceso a una Existencia con mayúsculas, la de quien se descubre a sí mismo como reflejo de lo intemporal. Para ello constituye su morada en “el bosque”, esto es, establece sus raíces en lo eterno superando el vértigo del tiempo y el teatro de “potentes ilusiones ópticas” en que nos sumerge la historia.

“Un ser humano (…) al que se le ha comunicado aunque sólo sea un destello, aunque sólo sea un único soplo de la enorme fuerza del ser, un hombre como ése empieza a sentir que le falta algo. Esa es la condición previa para que se ponga a buscar.”

Eso que sentimos que nos falta no siempre somos capaces de expresarlo. Puede experimentarse como la separación de algo indefinido, cierta intemporalidad, cierta plenitud de la que no tenemos recuerdos precisos aunque al mismo tiempo nos parece que podríamos recordar si fuéramos capaces de rememorar desde lo más profundo de nuestro ser. El lugar buscado por aquel que siente este anhelo es llamado “bosque” por Jünger, un santuario del espíritu donde el hombre es capaz de regenerar sus fuerzas al entrar en contacto con el paisaje que alberga las fuentes de la vida.

“El mundo histórico en que nos hallamos se asemeja a una embarcación que se desplaza con un movimiento rápido y que unas veces exhibe rasgos de comodidad confortable y otras veces muestra signos de terror. Unas veces es Titanic y otras veces es Leviatán. Lo que se mueve sirve de señuelo a los ojos y por ello a los más de los pasajeros de la nave les queda oculto que ellos habitan al mismo tiempo en un mundo diferente, en el cual reina la quietud total. Es tan superior el segundo de estos reinos al primero, que parece contener a este dentro de sí como un juguete; es tan superior a él como lo es una de esas innumerables epifanías que acontecen. El segundo de esos reinos es puerto, es patria, es paz y seguridad, cosas que todos nosotros llevamos dentro. A esto es a lo que damos el nombre de “bosque”.
Travesía marítima y bosque –tal vez parezca difícil aunar en una sola imagen cosas tan dispares. Pero al mito le resulta familiar este género de contrastes- así, el Dionisio raptado por unos marineros tirrenos hizo que en torno a los remos se enroscasen pámpanos y mirto y que crecieran hasta envolver el mástil. De aquella espesura surgió luego el tigre que despedazó a los piratas.
El mito no es historia ocurrida en un tiempo anterior; es realidad intemporal que se reitera en la historia. El hecho de que nuestro siglo vuelva a encontrar sentido en los mitos es uno de los indicadores favorables. También hoy existen poderes fuertes que llevan a alta mar al ser humano, que lo conducen al interior de los desiertos y a su mundo de máscaras. Tal viaje perderá su condición amenazadora si el ser humano vuelve en sí y recuerda la fuerza divina que posee.”

”La nave significa el ser temporal; el bosque, el sobretemporal. En nuestra época que es una época nihilista, se acrecienta la ilusión óptica que parece multiplicar las cosas que se mueven, en menoscabo de las cosas que están quietas. En verdad todos los poderes técnicos que hoy están desplegándose son un brillo fugaz que viene de las cámaras que guardan los tesoros del Ser. El hombre adquirirá seguridad si logra penetrar, aunque sólo sea por unos instantes brevísimos, en tales cámaras; no sólo perderán entonces su cariz amenazador las cosas temporales, sino que producirán la impresión de estar llenas de sentido.
Emboscadura vamos a llamar a ese giro favorable; a quien lo ejecuta, emboscado.

Emboscarse es pasar a habitar un cosmos sólido y significativo. En lo eterno la vida recobra un sentido sagrado y cada acto está lleno de sentido, supone en última instancia un “misterio” y no una sucesión de acciones más o menos automatizadas avaladas por la costumbre y aprobadas por lo colectivo. Nada más alejado de la visión del bosque, nada menos humano que llegar incluso a considerar el comportamiento como una sucesión de fenómenos fisiológicos reducidos al puro mecanicismo y sus leyes, razonamiento que lleva, al final de su lógica, a privar al hombre de su voluntad. El triunfo total de la máquina.

”Desde luego hemos visto que, dada la situación a que se ha llegado, tal vez esté capacitado para irse al bosque, para la emboscadura, nada más que uno solo entre cien. Pero de lo que aquí se trata no es de relaciones numéricas. Cuando se incendia un teatro basta una cabeza clara, basta un corazón enérgico para contener el pánico de millares de personas que amenazan con aplastarse unas a otras y que se entregan a la angustia propia de animales.
Cuando aquí hablamos de la “persona singular” estamos refiriéndonos al “ser humano”, al “hombre” tal cual, pero desprovisto del regusto añadido que esa palabra ha ido adquiriendo en el transcurso de los dos últimos siglos. Estamos refiriéndonos a la persona libre, tal como fue creada por Dios. Ese hombre no representa una excepción, no es una minoría selecta. Antes al contrario, se halla oculto en el interior de todos y cada uno de nosotros; las diferencias que aquí aparecen son únicamente el resultado de la diferencia de grado en que el ser humano haya sido capaz de hacer realidad la libertad que le ha sido otorgada. Para eso es preciso prestarle ayuda, y se le ha de prestar con el pensamiento, con el conocimiento, con la amistad, con el amor.
También cabe decir que en el bosque el ser humano duerme. El orden queda restablecido en el instante mismo en que, al despertarse, repara en el poder que tiene.”

El bosque es la imagen por excelencia de la morada del misterio, un lugar ambivalente que produce serenidad pero a la vez nos llena de angustia, pues en él se oculta toda suerte de peligros. Entrar al bosque es traspasar el umbral del reino de la muerte de la que es posible retornar cambiado, es el lugar de las pruebas y de la iniciación, el escenario de innumerables leyendas, la guarida de los secretos. Es cosmos pero se mantiene cercano al caos, pues en él se encuentran las fuerzas de la regeneración, la energía primordial de la vegetación que predomina en su paisaje y que es la fuente vivificadora y renovadora del mundo.

“No es casual, desde luego, que todas esas cosas que nos mantienen sujetos a las preocupaciones temporales comiencen a diluirse con tanta fuerza así que nuestra mirada se vuelve hacia las flores y los árboles y se apodera de ella la fascinación que éstos ejercen. La botánica debería elevarse a mayor altura en esa dirección. Aquí está el jardín del Edén, aquí están las viñas, los lirios, el grano de trigo de que hablan las parábolas cristianas. Aquí está el bosque que aparece en los cuentos, un bosque poblado de lobos que devoran a los seres humanos, un bosque habitado por brujas y gigantes, pero en el que también mora el buen cazador; y aquí está el seto de rosas que rodea a la Bella Durmiente, a la sombra del cual se detiene el tiempo. Aquí están, en fin, los bosques germánicos y celtas, como el soto de Glásir, donde los héroes vencen a la muerte; y está también Getsemaní con sus olivos.
Pero también en otros lugares –en cavernas, en laberintos, en desiertos donde habita el tentador- es ese mismo misterio lo que va buscándose. Para quien adivina sus símbolos, en todas partes tiene sus residencias una vida vigorosa. Moisés golpea con su cayado la roca y de ella brota el agua de la vida. Un instante como ese es suficiente para luego milenios.
No es más que apariencia la dispersión de esas cosas en lugares lejanos y en tiempos remotos. Antes al contrario, todas ellas están latentes en cada uno de nosotros y nos han sido transmitidas como claves para que nos concibamos a nosotros mismos en nuestro poder más hondo y sobreindividual. A ese objetivo apuntan todas las doctrinas que merecen ser llamadas tales. La materia se ha compactado en muros que parecen impedir toda perspectiva; sin embargo, la abundancia se halla muy cerca, pues está viva en el ser humano como el talento de que habla la parábola, como su herencia sobretemporal.”

Nuestro mundo histórico se basa fuertemente en la idea de lo escaso. El tiempo es visto como una realidad suprema susceptible de convertirse en dinero y éste se considera el mayor dispensador de bienes. Ambos basan su valor en su escasez, en su finitud. Si esta visión hace mella en nosotros corremos el riesgo de que su lógica se extienda a nuestra concepción global del mundo, impidiendo la comprensión de que lo que realmente es esencial posee unas fuentes inagotables.
El símbolo y el mito son el legado que nos permite acercarnos a esa realidad esencial e intemporal. No son fríos conceptos ni meras narraciones fantásticas, sino que “se mantienen en contacto con las fuentes profundas de la vida” y podrán entregar sus tesoros a aquellos que decidan vivir su misterio. Vivir el bosque lleva a la victoria sobre el tiempo y con ella a la victoria sobre el miedo.

“Visto a esta luz, el bosque es la gran Casa de los Muertos, es la morada del peligro aniquilador. Tarea del director de almas es llevar a su dirigido a ese lugar para que en él pierda el miedo. El director de almas hace morir y resucitar simbólicamente allí a su dirigido. El triunfo se halla al lado mismo de la aniquilación. Cuando uno sabe eso puede elevarse por encima del poder del tiempo. El ser humano hace la experiencia de que, en el fondo, ningún daño puede causarle ese poder, más aún, de que el poder del tiempo está destinado únicamente a corroborarlo a él en su rango más alto. […] Si el ser humano penetra en los mundos rigurosos del conocimiento, se reirá del espíritu que le inspiraba angustia con quimeras e infiernos góticos.”

“Para el hombre de hoy ¿qué significado puede tener el dejarse guiar por el ejemplo de los vencedores de la muerte por el ejemplo de los dioses, de los héroes, de los sabios? El siguiente: el significado de participar en la resistencia contra el tiempo, y no sólo contra este tiempo de ahora, sino contra todo tiempo, el cual tiene su poder fundamental en el miedo. Todo miedo es en su médula miedo a la muerte, aunque se presente en una forma muy derivada. Si el ser humano logra crearse aquí un espacio, esa libertad se hará valer también en todos los otros campos en que rige el miedo. Entonces abatirá a los Gigantes cuya arma es el terror.”

Desde el materialismo que impera en nuestro tiempo se presenta la muerte como la nada absoluta y como tal no tiene forma, es imposible de confrontar. La indefensión y el miedo se extienden y en la nave se experimentan con una profunda angustia. Pero para aquel que ha hecho de su morada el bosque no existe la nada. Allí el terror podrá ser un monstruo terrible, pero a los monstruos se les puede abatir.

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Los fragmentos citados han sido extraidos de: Jünger Ernst, La emboscadura, Barcelona, Tusquets, 3ª ed., 2002.


La experiencia visionaria de los místicos que tiene lugar en el mundo intermediario sigue perteneciendo al dominio individual o formal y, como bien sabemos, constituye, en cierta medida, la llamada contemplación por reflejo, es decir,  la percepción aún indirecta de las realidades espirituales, para lo cual es posible la utilización de diversos soportes simbólicos, y no implica, en ningún caso, una identificación plena con el Principio. Sin embargo, tomando las palabras de René Guénon, este reflejo no se toma sino como el punto de conclusión de los rayos cuya dirección será menester seguir para remontar, a partir de ahí, hasta la fuente misma de la Luz. [Contemplación directa y contemplación por reflejo, cap. XVI de Iniciación y realización espiritual]

Para quien, llegado a este punto, la visión imaginal deja de tener sentido como tal, por haberse elevado hacia el dominio de lo supraindividual, ya no depende del Espejo de la Naturaleza, consigue elevar sus ojos directamente hacia el Sol, recibiendo el Conocimiento de forma inmediata; puede conocer y ser uno con el objeto de su conocimiento a través de la Intuición Intelectual.

Ahora, dejemos hablar a uno de los grandes representantes de la Tradición Primordial sobre el tema que aquí nos ocupa. El célebre maestro de Murcia, Ibn Arabi, nos ilustra con estas bellas y sutiles palabras que forman parte de un libro ciertamente inspirador.

El Señor alienta los esfuerzos de los místicos, quie dedican sus vidas a acercarse a Él, por medio de los llamados milagros. Les son mostrados gentes y lugares -justo ante sus ojos- que se encuentran a millas de distancia. Aún cuando están en el Oeste, ven la Meca en el Este lejano.

Muchas de estas visiones son experimentadas por aquellos que buscan conocer a su Señor, en especial si su afecto por nuestro Maestro Muhammad -que la paz y las bendiciones de Dios estén con él- los lleva a ser como él, porque entonces heredan sus cualidades y están bendecidos con el favor divino. Alabado sea Dios, que yo mismo he experimentado esto.

Estas personas de estado elevado se llaman abdal. Algunas veces, su habilidad para ver los secretos más allá del mundo visible les es quitada. Este es un signo de que han alcanzado el estado más alto al que todo ser humano puede aspirar, el estado de ser verdaderos siervos del Señor. Entonces son herederos de los profetas y no simplemente gente que conoce lo que para otros es desconocido en este mundo. Su conocimiento pertenece al reino invisible y angélico: están entre dos mundos.

Para las personas en este estado ya no existe separación o distancia entre lo visible y lo invisible, ni entre el ser exterior ni el ser interior. Los velos que escondían las cosas están todos levantados. Todo lo que queda de ellos es como un timbre en el oído. Todos los caminos que llevan a lo desconocido se abren para ellos.

Entonces, cuando la visión de esta realidad queda atrás, es como si otra cortina divina cayera sobre ellos. Pero el amoroso y generoso Señor reemplaza aquello que Él les ha quitado por una hermosa luz multicolor que Él derrama sobre una parte del mundo material y una parte del reino invisible, juntándolos a ambos, pero dejando la mayor parte de ellos escondida en la oscuridad.

[...]

El velo de la oscuridad que oculta lo desconocido contiene conocimiento infinito. Es conocimiento de la lógica divina eterna. Los hombres tratan de investigar y descubrir algunas cosas en él. Cuanto más conocen, más se dan cuenta de que no tiene fin.

El nivel más alto de conocimiento solo puede ser obtenido por medio del conocimiento extático inspirado, que abre el ojo del corazón y hace capaz al hombre de descubrir aquello que le está permitido conocer.

(Ibn Arabi, “El Divino Gobierno del Reino Humano y otros tratados”, Ed. El Sereno – Santiago Arcos editor, Buenos Aires)

Busca la llave de oro; con ella abrirás la verja del jardín del misterio, la que se encuentra oculta tras la espinosa rosaleda; tendrás que adentrarte en la oscuridad, mas no temas; allí encontrarás un quiosco sobre un montículo rodeado de estatuas de ángeles, musas y dioses, y en su centro verás que un pedestal sostiene una lámpara. Entonces sabrás que la luz de su fuego es la que buscas, pues hará que sobre el espejo se refleje lo invisible y que los símbolos, acallados por el sopor del olvido, te susurren al oído su verdad.

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