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“ [...] Pongamos en medio el parecer de Sinesio* el Platónico que así se explicó sobre el poder de la imaginación y el espíritu imaginativo: en la vigilia el sabio es hombre, pero Dios le hace partícipe de sí mismo mientras sueña, lo que nosotros adoptamos en defensa de la dignidad de la vida imaginativa. Pues si es don feliz ver al propio Dios en sí mismo, ciertamente es oficio de una contemplación más antigua y propia captarlo mediante la imaginación. Pues ésta es el sentido de los sentidos, puesto que el propio espíritu imaginativo es el sensorio más común y el cuerpo primero del alma y este [cuerpo] actúa desde dentro veladamente y tiene a lo principal del animal como alcázar (pues en torno la naturaleza le construyó la entera fábrica de la cabeza).

Por su parte, el oído y la vista no son sentidos, sino instrumentos que administran los sentidos para el sentido [común] y [son] a modo de porteros o recepcionistas del animal, indicando al señor las cosas sensibles que ocurren en el exterior (por las que son tocados los sentidos externos). En tanto, el sentido íntimo está por entero en todas partes; pues oye con todo el espíritu [y] con todo el espíritu ve, de donde [resulta] que reparte unas cosas a unos, otras cosas a otros y [es] como si desde un centro único arrojase innúmeras líneas hacia la anchura de la circunferencia saliendo de allí como de una raíz común, a la que como a [su] raíz común vuelven. Este, es decir, el espíritu imaginativo, reclama [ser] el vehículo primero del alma, término medio entre lo temporal y lo eterno por el que, sobre todo, vivimos; un individuo único hace y recibe todas las cosas que son propias del sentido.”
Giordano Bruno, Sobre la composición de imágenes
(trad. Ignacio Gómez de Liaño)
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* Sinesio, de origen dorio, nació en Cirene y vivió a fines del siglo IV y principios del V. Estudió neoplatonismo en Alejandría en la escuela de la famosa Hipatia. Viajó a Atenas y se desilusionó en Atenas; dice que allí se encontró en vez de filósofos fabricantes de miel y vendedores de ánforas de Himeta (Cartas). Intervino también en la vida política de su país. Véase Druon, Étude sur la vie et les oeuvres de Synesius, 1859.
La teoría de la imaginación que aquí expone Bruno la toma literalmente de Sinesio, según la traducción de Ficino, editada en Venecia en 1497. Salvo el último párrafo todo el resto es una transcripción casi literal de Sinesio, De somniis, cap. «De potestate phantasiae spiritusque phantastici». (Nota de Ignacio Gómez de Liaño)
En el patio del viejo castillo,
coronado con flores doradas,
o en aquel laberinto sinuoso,
que sólo hasta el Centro conduce
tus garras de hierro
o tal vez de bronce
rasguñan la piel de la tierra,
se hunden en húmeda hierba
para saltar directo al Empíreo.
León verde que devoras el Sol
haz que su sangre se vierta
y que las gotas color carmesí
revivan el jardín de tus sueños.
Eleva tu infinita mirada de plata,
deja que la luna te acerque sus labios
y resuelve el oscuro acertijo
que la Naturaleza jamás reveló.
.·.
“Fil.: Me sorprendo, puesto que la mente toma su nombre de la medida -como dices tú, ignorante- ¿por qué es llevada tan ávidamente hacia la medida de las cosas?
Ig.: Para que alcance la medida de sí misma. Pues la mente es medida viviente, que midiendo otras cosas alcanza la propia capacidad. Pues todo lo hace para conocerse a sí misma. Pero no encuentra la medida de sí buscando en todas las cosas, sino donde todas ellas son uno. Allí está la verdad de su precisión, porque allí está su ejemplar adecuado.”
(Nicolás de Cusa, Un ignorante discurre acerca de la mente (Idiota. De mente), Buenos Aires, Ed. Biblos, 1ª ed., 2005)
Una buena narración es un portal. Nos sale al encuentro como invitación a un viaje y es capaz de transportarnos hasta el lugar donde el tiempo no existe o donde, libres, las cosas transcurren al margen de él.
Los mitos -o los cuentos en ellos inspirados-, actuan como vehículos de realidades esenciales. Como un ritual, procuran la repetición de un evento arquetípico y son claves, al igual que los símbolos, para acercarnos a todo enigma y misterio por la vía del asombro.
Al apelar directamente a la imaginación, y a condición de que involucremos los sentidos del alma, nos permiten captar la profundidad de aquello que revelan, pues acogidos por ella que es su destinataria tanto como su fuente, no sólo serán escuchados o comprendidos, sino que serán vivenciados. Tanto nos colma un cuento como capaz sea de arrebatarnos hasta su propio mundo del que, si hemos sabido ser huéspedes despiertos, retornaremos transformados. Y puede ser así porque el lugar al que pertenecen es el Mundo del Alma, el reino intermedio entre la realidad sensible e inteligible y por tanto el umbral del que parte el camino hacia el verdadero conocimiento. Así el narrador, como el oficiante de un rito, puede ser capaz de sustraerse a la dimensión mundana y conectarnos con lo eterno.
Un elocuente ejemplo de lo que es ser un gran narrador se encuentra en esta anécdota que explica Martin Buber:
“A un rabino, cuyo abuelo había sido discípulo de Baal Shem, se le pidió que contara una historia.”Una historia -dijo- se debe contar de una manera que costituya una ayuda en sí misma.” Y contó: “Mi abuelo era cojo. Una vez, le pidieron que contara una historia sobre su maestro. Y él contó cómo el santo Baal Shem acostumbraba a saltar y bailar mientras rezaba. Mi abuelo se levantó mientras hablaba, y se dejó llevar hasta tal punto por su historia que empezó a saltar y a bailar para mostrar cómo había actuado el maestro. Desde ese momento, quedó curado de su cojera. ¡Ésa es la forma de contar una historia!” (1)
Que la historia del rabino sea literalmente real o no, no es lo importante. Comprendemos que es esencialmente real pues, ¿qué herida no podría sanar al contacto con el lugar que alberga la Fuente de la eterna juventud?
Los cuentos son un legado imperecedero cuyo auténtico valor trasciende su belleza y reside en su capacidad para otorgar forma a lo invisible. Por ello el maestro sufí Rumi los compara con el agua en uno de sus poemas: un líquido intermediario capaz de trasmitir, al sumergirnos en él, los mensajes del mismísimo fuego:
.
Agua de cuentos
Un cuento es como el agua
Que te calientas para el baño.
Transmite los mensajes entre el fuego
Y tu piel. ¡Permite que se conozcan
Y te limpia!
Son muy pocos los capaces de sentarse
En medio del fuego
Como una salamandra o como Abraham.
Necesitamos de intermediarios.
Se producen sensaciones de plenitud
Pero suelen necesitar de algo de pan
Para que aparezcan.
Estamos rodeados de belleza,
Pero es frecuente que tengamos que estar paseando
Por un jardín para darnos cuenta.
El cuerpo, en sí mismo, es un pantalla
Para proteger y, en parte, revelar
La luz que resplandece
En el interior de tu presencia.
Agua, cuentos, el cuerpo,
Todas las cosas que hacemos son medios
Para ocultar y mostrar lo que está oculto.
Estúdialos
Y disfruta de este baño
De secretos que, a veces, conocemos
Y, a veces, no. (2)
.

Niña leyendo, Rosine Emmet Sherwood 1888.
.
(1) citado en: Doniger, Wendy, Mitos de otros pueblos, Madrid, Siruela, 2005.
(2) Barks, Coleman, La esencia de Rumi, Barcelona, Ediciones Obelisco, 1ª ed., 2002.


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