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Te supiste perdido, joven eterno,
y buscaste el corazón del bosque.
Hendiste el vientre del mundo, dragón aletargado,
y su sangre bendita brotó incandescente.
Escuchaste la voz que dice: “alúmbrame en ti,
yo ilumino tu nombre en la piedra”.
He aquí el pacto celeste, ahora es siempre.
Sin tu paso los puentes se quiebran.
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Junio 8, 2009 a 3:29 pm
joaquín huertas
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La fuente de luz, que irradia de la herida
abierta en el corazón del amante,
fluye hasta el árbol donde mora el Fénix inmortal,
oculto en lo más profundo del bosque.
Bajo sus ramas tiene lugar un rito nupcial;
el del constante pacto al amor renovado,
por el que el amante goza de eterna juventud,
al sentirse en su Amada transformado.
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Junio 10, 2009 a 12:51 pm
Pola
Precioso, Joaquín. De nuevo gracias por dejar aquí tus versos.
Ese misterio de la unidad-dual, de la unión entre el hombre y su ángel -su propia dimensión celestial “que lo vincula al pleroma sin ninguna otra mediación”- tan difícil de expresar para el lenguaje común y tan magistralmente captada en ocasiones por la poesía.
Pensaba en concreto en el canto final del “Libro de las teofanías” de Ibn ‘Arabî, pero es tan magnífico que tal vez su lugar no sea relegarlo al pequeño rincón de un comentario. Puede que tampoco sea el lugar para estos versos de Rûmî, pues describen con una belleza arrolladora lo inexpresable de esta identidad. Pero me apetecía mucho compartirlos como alguien tuvo la amabilidad de hacer conmigo.
Dicen así:
Aquel, cuya belleza produce el celo de los Ángeles, ha llegado en un humilde día, y Él ha mirado en mi corazón;
Él lloró y yo lloré hasta la venida del alba, después me ha preguntado: “dime: de nosotros dos ¿quién es el amante?”.
Junio 25, 2009 a 11:33 am
joaquín huertas
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Ella me atrajo hacia sí y se puso en lugar de mí en mí.
Ciertamente, Ella me reemplazó pero
¿donde estoy yo ahora?
Yo me convertí en Ella y Ella es yo mismo;
No existe para Ella ningún ser singular que La desee.
Yo subsisto por Ella en Ella;
no existe el “tú” entre nosotros.
Mi estado con Ella era en el pasado
como será en el porvenir.
Sin embargo, yo he elevado mi alma
y Ella ha suprimido barreras.
Me he despertado de mi sueño y he abandonado el lecho.
Ella me ha mostrado a mí mismo a través del ojo
de mi realidad esencial.
Ahora leo sus caracteres en la frente de la Belleza.
He pulido mi belleza (interior) y me he convertido
en el espejo
Donde se imprimen los trazos de la Plenitud.
Sus cualidades son las mías, mi esencia la Suya,
Y en sus virtudes se levanta para mí (el sol) de la Belleza.
Mi nombre es realmente Su Nombre;
y el Nombre de Su esencia es mi nombre.
Y todos estos atributos me pertenecen por naturaleza.
Abd al-Karim AL-YILI,
“El Hombre universal.”
Julio 8, 2009 a 5:33 pm
Pola
Un poema bellísimo Joaquín, muchas gracias por compartirlo.
Aunque con esos versos queda perfectamente descrito el tema, quería dejar aquí un par de notas más sobre la relación del hombre y su Ángel extraídas de “La imaginación creadora en el sufismo de Ibn ‘Arabî” de Corbin:
“La forma bajo la que cada uno de los espirituales conoce a Dios es también la forma bajo la que Dios le conoce a él, porque es la forma bajo la cual Dios se revela a sí mismo en él”.
“El Amado se convierte en el espejo que refleja el rostro secreto del amante místico, mientras que éste, purificado de la opacidad de su ego, se convierte reciprocamente en el espejo de los atributos y las acciones del Amado.”
Un abrazo.