Con la ajustada venda cubriendo mis ojos,
me dejé conducir por la mano del anciano.
Atravesamos la foresta desolada
por extraños y enredados senderos.
Llegamos así hasta una vieja cabaña
cuya existencia nadie más conocía.
Me encerró en una pequeña habitación,
iluminada por dos enormes velas.
Me invitó a sentarme, retiró la venda
y con su voz desgastada comenzó a interrogar:
- ¿Qué es lo que tienes delante de tus ojos?
- Un espejo- me apuré a responder-
un límpido espejo en el que veo mi rostro.
Prosiguió, con tono severo:
- ¿De qué te ha servido, entonces, derrotar al dragón?
y cubrió nuevamente mi vista.
Pasaron cinco frías y silentes horas,
apagó una de las velas,
y, desvendándome, volvió a preguntar:
- ¿Qué es lo que tienes delante de tus ojos?
Esta vez, el miedo estremeció mi cuerpo;
tartamudeando, tímidamente,
apenas atiné a murmurar:
- Es mi peor enemigo,
perverso y pestilente demonio,
que jamás pudo ser aniquilado
- ¿No ha corrido demasiada sangre ya,
por el filo mortal de tu espada?
dijo, antes de volver a privarme
del más preciado de los sentidos.
Largas y frías horas volvieron a pasar
-unas siete, tal vez-
y mi tacaño anfitrión,
sólo una amarga bebida cedió
para calmar mi sed desesperada.
Apagó la segunda vela,
liberó mi vista y repitió el conocido ritual:
- ¿Qué es lo que tienes delante de tus ojos?
¡Maravilloso prodigio!
Extasiado, cegado por una luz
que resplandecía en esa triste oscuridad,
no pude contener la emoción;
lágrimas candentes recorrieron mis mejillas
y sólo una respuesta fui capaz de entregar:
- ¡Es Ella! ¡es el fulgurante rostro de mi Amada,
delicada criatura de belleza sin igual!
El viejo se alejó, titubeante,
y pronunció estas pocas palabras,
antes de que lo viera por última vez:
- Suficiente, hijo mío, suficiente,
las puertas están abiertas
y no necesitas encender el candil,
sigue adelante,
ya no tienes nada que hacer por aquí.
.


5 comments
Comments feed for this article
Octubre 8, 2009 a 9:38 am
Pola
Precioso relato V., me encantó: el héroe debe derrotar, para salir verdaderamente victorioso, a su mayor enemigo, al peor de los dragones.
“Si no hubiera existido Él ni nosotros,
lo que existe no habría existido.
Somos, en verdad, unos servidores
y Dios es nuestro Maestro.
Somos su Ser. Entiende
cuando digo: “hombre”.
Que no te vele ese nombre.”
Ibn ‘Arabî
“Conócete a ti mismo: una nube
ante tu sol.
Desvincúlate de tus sentidos
y contempla el sol de la intimidad.
Si esa pantalla -que eres tú- es retirada de delante de tus ojos, el Amado encontrará al Amado, y tú desaparecerás por completo. Entonces escucharás con el oído de tu corazón:
Ese misterio, tan largamente guardado,
por fin ha salido a la luz,
la oscuridad de tu noche
por fin iluminada por el alba.
Tú mismo eres el velo del misterio
del Corazón invisible:
si no hubiera sido por ti,
nunca habría sido sellado”
‘Irâqî
.
Un abrazo muy fuerte.
Octubre 8, 2009 a 4:51 pm
Jan
*
*
*
“Cuando el corazón se ha convertido en un
espejo puro, entonces el mundo se refleja
en él tal como es realmente, es decir, sin
las deformaciones debidas al pensamiento
pasional. Por otro lado el corazón refleja
la verdad divina de un modo más o menos
directo, es decir, primero en forma de símbolos
(ishârat) después en forma de las cualidades
espirituales (sifat) o de las entidades (a’yân),
que son la base de los símbolos y finalmente
como verdad divina (Haqîqah).”
Titus Burckhardt
.
Abrazos,
Jan
Octubre 10, 2009 a 3:34 pm
Sahaquiel
Querida Pola:
Te agradezco sinceramente por tus palabras; me alegra muchísimo saber que te ha gustado este humilde relato que buscaba expresar justamente el cambio que debe darse en la visión del héroe, finalmente transformado en el espejo en el que se contempla el rostro de su Amada.
Me encantaron esos preciosos versos de Ibn ‘Arabî como así también los de ‘Irâqî. ¡Vaya, creo que nunca nos cansaremos de citar los destellos una y otra vez!
Te dejo aquí un poema de Bruno en el que el fénix, claro está, representa al intelecto superior o intelecto agente, constante e inmortal, en contraposición al intelecto inferior que es “incierto, diverso y multiforme”, es decir, aquello que deviene pero no es.
“Ave única del sol, donoso fénix,
Que al mundo igualas en tus años,
En la Arabia feliz apurados.
Tú eres quien fuiste, yo soy el que no fui.
Yo muero infeliz en amoroso fuego,
A ti con sus rayos te resucita el sol.
Tú ardes en uno, yo en todo lugar:
Yo poseo el fuego de Cupido, tú el de Febo;
Seguros términos tienes
De larga vida; breve es la mía,
Pues pronto el fin por mil desdichas se me ofrece.
Ignoro cuanto viviera y viviré;
Guíame un ciego destino,
Mientras tú cierto tienes el retorno a la luz.”
.
Un abrazo muy fuerte también para ti, querida Pola.
V.
Octubre 10, 2009 a 3:51 pm
Sahaquiel
Hola, Joaquín
Muy interesante el fragmento que compartes, ¡muchas gracias!
Copio a continuación un texto de Leopoldo Marechal que nos habla del hombre primordial; es decir, de ese estado perteneciente al pasado eterno que debe ser re-actualizado:
“Al primer Adán le basta con mirarse en el espejo de las criaturas para verse, de una sola ojeada, en su Principio creador: es el único trabajo que Dios le impone, una mera transposición de la “imagen” al “original” que es Dios mismo. Y al realizar esa fácil tarea, cumple Adán con el solo trabajo que le fuera impuesto: “cultivar su Paraíso”. La criatura es para él un clarísimo espejo de la Divinidad; y en aquel estado paradisíaco, ni la criatura distrae al hombre de la forma del Creador (ya que se la está mostrando incesantemente) ni el hombre se distrae de su visión (puesto que ve la imagen de la Divinidad en aquel espejo único, y a la misma Divinidad a través de su imagen).”
Un abrazo.
Noviembre 19, 2009 a 8:22 pm
amparo
INIFINITAS GRACIAS POR EXISTIR AQUI Y AHORA