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Treinta años preparándose para ese momento. Y finalmente el momento había llegado.
Desde pequeño, Pagubas, el hijo mayor del Rey, había sido separado de sus padres para caer bajo la tutela de los monjes guerreros del país. Jamás volvió a encontrarse con sus padres. Sólo tenía una misión, y todo el entrenamiento apuntaba al éxito de esa misión. Años completos de lecturas, lecciones teóricas, pruebas graduadas desde las más simples a las más complejas y arriesgadas. Y superó con creces las expectativas de sus tutores. Era el más amado y temido del país, y las leyendas acerca de su fuerza las sembraba Fama a los cuatro vientos.
Pero ahora había llegado el momento.
No había miedo en sus ojos, porque desconocía el miedo. Sólo tenía una misión que cumplir, y en esa misión no había lugar para el miedo. Cualquier sentimiento era inútil, porque no se trataba de sentimientos, sino de la verdad. Y él sabía que la verdad era suya.
Entró en la gruta con aire aguerrido, mientras los monjes lo observaban desde el valle cercano, sin atreverse a aproximarse. Pagubas no era el primero en intentar la gran prueba, pero él no lo sabía. Tampoco le importaba. Para él sólo existía una sola cosa, y todo lo demás era contingente. Incluso el aire cada vez más hediondo parecía no impedirle su avance.
A medida que avanzaba, la oscuridad era mayor. Se adentraba en la montaña sagrada, donde ni siquiera los monjes guerreros se atrevían a meterse.
Aguardó a que se le acostumbraran los ojos a la oscuridad, pero aún así no vio nada, y continuó caminando, empuñando la espada, sin importarle que sus sandalias pisaran, patearan osamentas mohosas.
Hasta que llegó el momento. Un resplandor verdoso se adivinaba en un recodo de la gruta. Caminó unos pasos más.
Y entonces la vió.

El Cielo es eterno, y la Tierra permanece ¿Cuál es el secreto de su eterna duración? ¿Acaso no viven eternamente porque no viven para sí mismos? Por eso, el Sabio prefiere permanecer detrás, mas se encuentra al frente de los demás. Se desprende de sí mismo, mas a sí mismo se encuentra a salvo y seguro. ¿Acaso no es por ser desinteresado por lo que se realiza su Ser?
Dao De Jing, 7.
“En todas partes donde veas algo grande y maravilloso,
estás delante de San Michael”
Glosa medieval[1]
“El emperador germánico Enrique II el Santo (973-1024), habiendo ido en peregrinación al monte Gargano en 1022, dos años antes de su muerte, se alejó una noche de su séquito para dejarse encerrar voluntariamente en la gruta-templo. Fue gratificado con una experiencia visionaria que tuvo para él toda la importancia de una visión iniciática. [...] El emperador Enrique tuvo la visión de una multitud de ángeles de una belleza fulgurante, brillantes como el sol. Entraron en el templo cortejando al principal de ellos, el Arcángel Michael, en la deslumbrante majestad de su epifanía. El emperador asistió así a los esplendores litúrgicos de la Jerusalén celestial. Finalmente, el Ángel que había dado a besar el Libro santo al Arcángel, lo dio a besar al emperador que, turbado, permanecía aparte, temblando de arriba abajo. Viéndolo, el Ángel le tocó ligeramente y le dijo: “No temas, elegido de Dios. Levántate y acoge con alegría el signo de la paz divina que se te ofrece”. “Y enseguida su cadera se rompió y permaneció cojo el resto de su vida”. Hay una correspondencia sorprendente entre la experiencia visionaria del emperador San Enrique y la lucha de Jacob con el Ángel que le golpeó en la articulación de la cadera: “El sol se levantaba cuando pasó Peniel (rostro de Dios) y Jacob cojeaba de la cadera” (Gén 32:24-32)[2]
Este relato expone maravillosamente una visión en el Malakut, tomado de la tradición occidental europea, y pone de relieve la figura del Arcángel Miguel, Sacerdote y Príncipe, aquí oficiando la liturgia celeste junto con sus ángeles. Basándonos en esta visión recordaremos brevemente algunos de los aspectos simbólicos de este Arcángel, Quis ut Deus, el Como-Dios y su relación con los centros espirituales, imágenes del Centro Supremo, pasando por una visión de la Shejiná hasta concluir con una reflexión personal.
El Arcángel Miguel
En la cábala hebrea al ángel Metatrón se lo llama el Ángel del Rostro porque es el intermediario entre el Deo Absconditum y la manifestación, siendo el “Rostro” lo que se le muestra al hombre y por el cual puede conocer a Dios. Metatrón es así el representante de Dios, aquél que se “sienta en Su Trono”. Pero de ello no hay que concluir que haya dos “Dioses”, como creyó Elisha ben Abuya (llamado Aher, el otro) según cuenta el pasaje talmúdico que refiere la historia de los cuatro rabbi que habían llegado a las puertas del Pardes celeste: de los cuatro, fue Aher quien contempló al gran Metatrón, y al verlo sentado en el Trono divino exclamó ¡Realmente hay dos poderes en el Cielo![3]
Metatrón tiene una cara oscura, que es el demonio Samael, pero también, y sobre todo, una cara luminosa, el Arcángel Miguel, arcángel solar, que etimológicamente significa “el que es como Dios” (Quis ut Deus), de ahí que sea el principal de las jerarquías angélicas. Miguel unifica en sí dos aspectos, el Poder Sacerdotal y el Poder Real.
Es el Gran Sacerdote (Kohen ha-gadol) y como tal oficia la liturgia en el cielo, es el Polo celeste, mientras que el jefe de la jerarquía iniciática (Gran Pontífice) aquí en la tierra es, a su imagen, el polo terrestre, participando ambos del Eje del Mundo.
“Su nombre es Mikael, el Gran Sacerdote que es tanto holocausto como oblación ofrecida a Dios. Y todo cuanto hacen los israelitas en la tierra se realiza según el modo de lo que sucede en el mundo celeste. El Gran Pontífice aquí abajo simboliza a Mikael, príncipe de la clemencia…”[4]
El otro aspecto de Miguel es el de ser el Gran Príncipe (Sâr ha-gadol) y jefe de los ejércitos celestes. En hebreo Maleak, ángel, enviado, está relacionado con Melek, rey; y Malaki (mi enviado) es el anagrama de Mikael[5]. Él es el modelo de los guardianes de Tierra Santa[6], (entendiéndose esta Tierra Santa como el Centro Supremo), el guerrero que lucha contra el Príncipe de Persia[7], el Príncipe de este mundo (Princeps huius mundi del Evangelio, Sâr ha-olam, Samael, quien, como apuntamos arriba, es su contraparte oscura. Tal vez no carezca de interés confrontarlos con la tradición mazdea, en la que Ahura Mazda tiene características similares a las de Miguel, y Ahrimán a las de Samael).
Miguel es además aquél que “pesa las almas”, y uno de sus atributos es la balanza. Es digno de notar que en el calendario católico la fecha correspondiente a San Miguel Arcángel es el 29 de septiembre, bajo el signo de libra (la balanza). Se lo vincula por ello con el Christos Angelos, puesto que es a Cristo a quien corresponde “pesar las almas” al final de los tiempos.[8] También se relaciona con la Morada de Justicia (Beith-Din), la que a su vez tiene que ver con la Shejiná[9] y los Centros espirituales.

Imagen de San Miguel en la gruta del Monte Gargano, Italia - Según la leyenda, el escultor había desesperado al no poder representar el rostro del arcángel, cuando una noche se le apareció San Miguel y él mismo esculpió su propio rostro.
La Shejiná
No podemos eludir el tema de la Shejiná, la Divina Presencia, que en las Escrituras está relacionada siempre con la institución de algún centro espiritual, centros diseñados para ser lugar de la manifestación divina, presente siempre como Luz. Guénon precisa:
La Shejiná se presenta bajo múltiples aspectos, entre los cuales destacarían principalmente dos, uno interior y el otro exterior; ahora bien, por otra parte dentro de la tradición cristiana existe una frase para designar de manera tan clara como sea posible estos dos aspectos: “Gloria in excelsis Deo, et in terra Pax hominibus bonae voluntatis.” Las palabras Gloria y Pax se refieren respectivamente al aspecto interior, con relación al Principio, y al especto exterior, con relación al mundo manifestado.[…] Se podría también para el primer aspecto, recordar las teorías de los teólogos sobre la “luz de la gloria” en y por la cual se opera la visión beatífica (in excelsis); y, en cuanto al segundo, volvemos a encontrar aquí la Paz, y que, en su sentido esotérico, está indicada en todas partes como uno de los atributos fundamentales de los centros espirituales establecidos en este mundo (in terra).[10]
Por otro lado,
la tradición secreta concerniente a la Shejiná tendría alguna relación con la Luz del Mesías, tradición reservada a aquellos que prosiguen el camino que desemboca en el Pardes, es decir en el centro espiritual supremo,[11] […] que es el centro de este mundo y que el simbolismo tradicional de todos los pueblos compara al corazón, centro del ser y “residencia divina” (Brahma-pura en la doctrina hindú) así como el Tabernáculo que es su imagen y que, por esta razón, es llamado en hebreo mishkan o “habitáculo de Dios”, palabra cuya raíz es la misma que la de Shejiná.[12]
Desde otro punto de vista, la Shejiná es la síntesis de las Sefirot; ahora bien, en el árbol sefirótico, la «columna de la derecha» es el lado de la Misericordia, y la «columna de la izquierda» es el lado del Rigor; así pues, debemos reencontrar también estos dos aspectos en la Shejiná, y podemos precisar ya, para vincular esto a lo que precede, que, bajo una cierta relación al menos, el Rigor se identifica a la Justicia y la Misericordia a la Paz . «Si el hombre peca y se aleja de la Shejiná, cae bajo el poder de las potencias (Sârim) que dependen del Rigor», y entonces la Shejiná es llamada «mano de rigor», lo que recuerda inmediatamente el símbolo bien conocido de la «mano de la justicia»; pero, al contrario, «si el hombre se acerca a la Shejiná, se libera», y la Shejiná es «la mano derecha» de Dios, es decir, que la mano de «justicia» deviene entonces la «mano que bendice» . Éstos son los misterios de la «Morada de Justicia» (Beith-Din), lo que es también otra designación del centro espiritual supremo; y apenas hay necesidad de hacer observar que los dos lados que acabamos de considerar son aquellos en los que se reparten los elegidos y los condenados en las representaciones cristianas del «Juicio final».[13]
Esta última consideración es exactamente lo mismo que decíamos antes refiriéndonos al Arcángel San Miguel y la balanza, de lo que pueden sacarse conclusiones importantes.
Además, es interesante notar que mientras la “parte” (permítasenos hablar así) de Gloria de la Shejiná permanece en el Cielo junto a Miguel, con el que comparte atributos, la “parte” de Paz es la que permanece ligada a la Tierra como centro espiritual. Pero en ciertos momentos, según indica la cábala en términos parecidos, Miguel desciende como rocío de Luz para unirse a ella y vivificarla, y este rocío es recogido por la Shejiná, que actúa como cáliz y cuya residencia es la última sefirá del Árbol de la Vida(Malkuth, el Reino).
Los centros espirituales
Volviendo al relato del comienzo, decíamos que esta visión del emperador ocurre en el Malakut, el inter-mundo, el mundo imaginal que no es “imaginario” en el sentido que se le da hoy de ilusorio, sino que es la tierra celeste en donde los cuerpos se espiritualizan y los espíritus se corporifican, que tiene realidad en sí mismo, pero que está fuera de la “realidad” meramente física y profana (que es irreal, propiamente hablando y viéndolo desde un punto de vista principial). Sin embargo, existen en el mundo físico “reflejos” de ese otro mundo, y en los que estas experiencias pueden tener lugar, no sólo de modo simbólico, puntos sagrados a los que aún hoy se puede acceder (si bien otros han desaparecido totalmente o al menos así parece al mundo profano[14]).
Los lugares de culto al Arcángel Miguel fueron situados en los que, para la tradición romana, eran centros espirituales dedicados a Apolo, y especialmente los del norte de Europa antes de los romanos, estaban dedicados a Belinus. Estos dioses eran solares, y no es casualidad, entonces, que un Arcángel Solar haya ocupado su lugar.
En Europa existen tres puntos principales dedicados a lo que hoy es el culto exotérico del Arcángel San Miguel, pero que hasta la Edad Media, y por vestigios encontrados en crónicas y relatos (visionarios, como el citado al comienzo), podemos estar seguros de que se trataba allí de otra cosa mucho más profunda, esotérica. De ellos, el más conocido es el Mont Saint-Michel, en la costa francesa, seguido por su reflejo especular, el St. Michael’s Mount en Marazion, Cornualles, y el tercero, ya en Italia, es el Monte Sant’Angelo, en Gargano, lugar en el que “ocurre” el episodio del emperador San Enrique. Estos tres lugares se encuentran fuertemente vinculados, no sólo porque la figura principal de veneración sea el Arcángel Miguel, sino también porque existía un camino en la edad media que los unía (al menos al primero y al último) y que se usaba como vía de peregrinación, la “Via Sacra Langobardorum” (camino sagrado de los longobardos) y que atravesaba gran parte de Europa.[15] En los tres lugares han ocurrido “angelofanías”. Los tres lugares son Montes. El tercero, el situado en Italia, es además una gruta, y es conocida la relación simbólica iniciática existente entre la montaña y la caverna.[16] Sólo baste agregar al respecto que en la caverna se deposita y acumula el rocío celeste, es decir, las influencias espirituales, las que luego se reparten desde allí hacia los cuatro puntos cardinales, a imagen de los cuatro ríos que partían del Edén. Y es la caverna, a su vez, una imagen del corazón.
Conclusión
A modo de conclusión nos gustaría destacar lo que para nosotros importa sacar en claro de todo lo expuesto arriba. Este artículo sería sólo una compilación de datos curiosos si no mostráramos en qué afecta todo ello a nuestra propia vida, es decir, qué relación tendría todo ello con nostros mismos. Con esto no intentamos más que vivificar el símbolo, aunque sólo sea en uno de sus aspectos.
Si la caverna dentro de la montaña es un símbolo del Centro, que recoge en sí las “influencias espirituales” que permitirán el descenso de la Jerusalén Celeste, es decir, la aparición de una nueva tierra y un nuevo cielo, y que allí donde está ubicado este Centro se manifiesta la Paz, y si tenemos en cuenta que la caverna en nosotros es nuestro corazón, entonces podemos transponer todo lo dicho arriba, no sólo respecto del Centro Espiritual, sino también respecto del Arcángel Miguel, a un nivel microcósmico, personal, como soporte para una realización espiritual. Así, la Paz prometida no la encontraremos sino en nuestro centro, allí donde brota el agua de vida, manteniendo este lugar limpio de toda influencia maléfica, profanadora, por medio de la manifestación del Arcángel Miguel, es decir, el Christos Angelos, en sus distintos aspectos (guardián de Tierra Santa, pero también Presencia de Dios, y Rostro de Dios, discriminador de la Balanza, Mediador, etc.) y sobre todo anunciador del Mesías, Emmanuel (Dios en nosotros…). Entonces será cuando la liturgia se produzca en nuestro interior, y nuestra vida se transforme ella misma en sagrada, porque habremos devenido templo. Y esto sólo podremos contemplarlo con la espiritualización de la materia y la materialización del espíritu, en aquél Malakut que nos parece hoy se encuentra tan lejano, pero al cual podemos acceder en cualquier momento, simplemente realizando una peregrinación, la verdadera peregrinación, a Tierra Santa.
[1] Citado por Henry Corbin, La paradoja del monoteísmo, Losada, Buenos Aires, 2003.
[2] H. Corbin, Necesidad de la angelología, IV, C, en: La paradoja del monoteísmo, p. 192-193.
[3] Talmud Babli, Hagigá 14b
[4] Citado por René Guénon, El rey del mundo, cap. III.
[5] Guénon, op. cit.
[6] Guénon, Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, cap. XI
[7] Daniel 10:13
[8] Ver respecto al Christos Angelos el interesante artículo de Corbin Necesidad de la Angelología, en el que resume este tema claramente. Para el presente escrito nos basamos en parte en ese artículo y en los escritos de Guénon.
[9] “En todos aquellos pasajes donde las Escrituras hablan de la aparición de Mikael, se trata de la Gloria de la Shejiná”. Citado por Guénon, ver n. 4
[10] Guénon, El Rey del mundo, cap. III.
[11] Ibíd.
[12] Ibíd.
[13] Ibíd.
[14] Vale citar al respecto a René Guénon: “cuando algunas «leyendas» dicen por ejemplo que hubo un tiempo en el que las piedras preciosas eran tan comunes como lo son ahora los guijarros más groseros, eso no debe tomarse quizás solo en un sentido completamente simbólico. […] Se dice que, cuando un tesoro es buscado por alguien a quien, por una razón cualquiera, no está destinado, el oro y las piedras preciosas se cambian para él en carbón y guijarros vulgares.” El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, cap. XIX. Entendemos que esto podría aplicarse también a lugares que han existido en la tierra, y que hoy se encuentran desaparecidos.
[15] Este camino era usado tanto por aquellos que viajaban hacia Jerusalén (Tierra Santa) embarcándose en Gargano, como por aquellos que no podían ir hasta Jerusalén pero que sin embargo peregrinaban sólo hasta Gargano, considerándola como imagen de Tierra Santa.
[16] Ver Guénon, Símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, caps. XXIX a XXXIV.
.·.
“ [...] Pongamos en medio el parecer de Sinesio* el Platónico que así se explicó sobre el poder de la imaginación y el espíritu imaginativo: en la vigilia el sabio es hombre, pero Dios le hace partícipe de sí mismo mientras sueña, lo que nosotros adoptamos en defensa de la dignidad de la vida imaginativa. Pues si es don feliz ver al propio Dios en sí mismo, ciertamente es oficio de una contemplación más antigua y propia captarlo mediante la imaginación. Pues ésta es el sentido de los sentidos, puesto que el propio espíritu imaginativo es el sensorio más común y el cuerpo primero del alma y este [cuerpo] actúa desde dentro veladamente y tiene a lo principal del animal como alcázar (pues en torno la naturaleza le construyó la entera fábrica de la cabeza).

Por su parte, el oído y la vista no son sentidos, sino instrumentos que administran los sentidos para el sentido [común] y [son] a modo de porteros o recepcionistas del animal, indicando al señor las cosas sensibles que ocurren en el exterior (por las que son tocados los sentidos externos). En tanto, el sentido íntimo está por entero en todas partes; pues oye con todo el espíritu [y] con todo el espíritu ve, de donde [resulta] que reparte unas cosas a unos, otras cosas a otros y [es] como si desde un centro único arrojase innúmeras líneas hacia la anchura de la circunferencia saliendo de allí como de una raíz común, a la que como a [su] raíz común vuelven. Este, es decir, el espíritu imaginativo, reclama [ser] el vehículo primero del alma, término medio entre lo temporal y lo eterno por el que, sobre todo, vivimos; un individuo único hace y recibe todas las cosas que son propias del sentido.”
Giordano Bruno, Sobre la composición de imágenes
(trad. Ignacio Gómez de Liaño)
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* Sinesio, de origen dorio, nació en Cirene y vivió a fines del siglo IV y principios del V. Estudió neoplatonismo en Alejandría en la escuela de la famosa Hipatia. Viajó a Atenas y se desilusionó en Atenas; dice que allí se encontró en vez de filósofos fabricantes de miel y vendedores de ánforas de Himeta (Cartas). Intervino también en la vida política de su país. Véase Druon, Étude sur la vie et les oeuvres de Synesius, 1859.
La teoría de la imaginación que aquí expone Bruno la toma literalmente de Sinesio, según la traducción de Ficino, editada en Venecia en 1497. Salvo el último párrafo todo el resto es una transcripción casi literal de Sinesio, De somniis, cap. «De potestate phantasiae spiritusque phantastici». (Nota de Ignacio Gómez de Liaño)



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