Era al ángel a quien buscaba aquella mañana en un sueño, a través de un paisaje confuso y desdibujado donde no se distinguían caminos. Deseando encontrar una senda verdadera repitió para sí el mensaje de la tabla esmeralda, siguiendo el ritmo de sus palabras como las indicaciones de un mapa. Lo hizo porque recordó que aunque la primera vez que leyó su texto no comprendió, de algún modo supo que también hablaba del ángel; y del ángel hablaba todo lo que buscó después, recordándole el desgarro, la certeza de vivir exiliado, incitándole a buscar a aquel con quien debemos reunirnos y de quien, sin embargo, jamás hemos sido separados.

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.Es verdad sin mentira alguna, cierto y muy verdadero,
lo que está abajo es como lo que está arriba,
y lo que está arriba es como lo que está abajo
para que se cumpla el milagro de la unidad.
Todas las cosas vinieron y vienen del Uno,
a través de la meditación del Uno;
así han nacido de esta unidad por adaptación.
El Sol es su padre, la Luna es su madre,
el viento lo ha llevado en su vientre, la tierra es su nodriza.
El origen de toda perfección del universo se encuentra aquí.
Su potencia se conserva entera cuando está aquí convertida en tierra.
Separarás pues la tierra del fuego, lo sutil de lo denso
suavemente, con gran cuidado.
Subirá de la tierra al cielo y de nuevo bajará a la tierra
reuniendo en una sola las fuerzas de las cosas de arriba y de abajo.
Por este medio alcanzarás toda la luz del mundo,
y toda tiniebla se alejará de ti.
Es la fuerza más fuerte de todas las fuerzas
pues será capaz de vencer todo cuanto es sutil
y penetrar en todo cuanto es sólido.
Así se ha creado el mundo.
De aquí saldrán admirables aplicaciones cuyo fundamento se encuentra aquí.
Por esa razón me llaman Hermes Trismegisto,
porque poseo las tres partes de la sabiduría universal.

Lo que he expresado aquí de la obra del Sol, está así cumplido y acabado.

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