“También el alma se mueve. Se mueve con movimiento circular cuando, entrando de nuevo en sí misma, se aparta del mundo exterior cuando reúne, unificándolas, sus potencias de intelección en una concentración que las protege de todo extravío, cuando se separa de la multiplicidad de los objetos exteriores para recogerse primero en sí misma, y, luego, habiendo alcanzado la unidad interior, habiendo unificado de forma perfectamente una la unidad de sus propias potencias, es conducida entonces a esa “Belleza y Bien” que se encuentra más allá de todo el ser, que no tiene principio y no tiene fin”.

Dionisio Areopagita, De los Nombres Divinos

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Siguió -acariciando suavemente con el dedo-, el trazado espiral de una caracola, desde el extremo exterior, lentamente, mientras su vista recorría el mismo camino.
Primero sintió una emoción intensa que pronto se desvaneció y arrastró con ella todo lo demás: cualquier atisbo de pensamiento, cualquier intención; hasta que sólo quedó el retorno sin siquiera propósito de retorno.

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