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“En el tiro con arco, la diana se alcanza sin haber apuntado. Incluso no se alcanza realmente la diana sino con esta condición.”

Pierre Grison

.“Lie-uk’eu (Lie Tse) tiraba con arco en presencia de Pai-hunn-u-jenn, con una taza de agua sujeta al codo izquierdo. Tensaba el arco, al máximo, con la mano derecha, disparaba, colocaba otra flecha, volvía a disparar; y así sucesivamente, con la impasibilidad de una estatua, sin que el agua de la taza vacilara. Pai-hunn-u-jenn le dijo:

-Tu tiro es el de un arquero totalmente ocupado en su tiro, no el de un arquero indiferente hacia su tiro. Ven conmigo a una alta montaña, al borde de un precipicio, y veremos si todavía conservas esa presencia de ánimo.

Los dos hombres así lo hicieron. Pai-hunn-u-jenn se plantó al borde del precipicio, de espaldas al abismo, con los talones que sobresalían en el vacío (y eso que el arquero debe echarse hacia atrás para tensar el arco), y luego saludó a Lie-uk’eu según los ritos, antes de empezar a disparar. Pero Lie-uk’eu, presa del vértigo, ya yacía por el suelo, chorreando sudor hasta los talones. Pai-hunn-u-jenn le dijo:

-El superhombre hunde su mirada en las profundidades del cielo, en los abismos de la tierra, en la lejanía del horizonte sin que su ánimo se conmueva. Me parece que tienes la mirada perdida y que, si disparases, no darías en el blanco.”

Lie Tse, Tratado del vacío perfecto

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Éste es, a mi modo de ver, uno de los ensayos más bellos e inspirados de Jorge Luis Borges que podemos encontrar en ese fantástico compilado conocido como Otras Inquisiciones, un libro donde el autor nos deslumbra con su infinita lucidez al tratar aquellos temas que siempre ocuparon un lugar central en la mayoría de sus obras, temas recurrentes que evocan la reminiscencia de nuestra olvidada naturaleza, tales como el tiempo, el universo, el infinito, la eternidad..

El espejo de los enigmas

El pensamiento de que la Sagrada Escritura tiene (además de su valor literal) un valor simbólico no es irracional y es antiguo: está en Filón de Alejandría, en los cabalistas, en Swedenborg. Como los hechos referidos por la Escritura son verdaderos (Dios es la Verdad, la Verdad no puede mentir, etcétera), debemos admitir que los hombres, al ejecutarlos, representaron ciegamente un drama secreto, determinado y premeditado por Dios. De ahí a pensar que la historia del universo -y en ella nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas- tiene un valor inconjeturable, simbólico, no hay un trecho infinito. Muchos deben heberlo recorrido; nadie, tan asombrosamente como León Bloy. (En los fragmentos psicológicos de Novalis y en aquel tomo de la autobiografía de Machen que se llama The London Adventure, hay una hipótesis afín: la de que el mundo externo -las formas, las temperaturas, la luna- es un lenguaje que hemos olvidado los hombres, o que deletreamos apenas… También la declara De Quincey[1]: “Hasta los sonidos irracionales del globo deben ser otras tantas álgebras y lenjuajes que de algún modo tienen sus llaves correspondientes, su severa gramática y su síntaxis, y así las mínimas cosas del universo pueden ser espejos secretos de los mayores”.

Un versículo de San Pablo (I, Corintios, XIII, 12) inspiró a León Bloy. Videmus nunc per speculum in aenigmate: tunc autem facie ad faciem. Nunc cognosco exparte: tunc autem cognoscam sicut et cognitus sum. Torres Amat miserablemente traduce: “Al presente no vemos a Dios sino como en un espejo, y bajo imágenes oscuras: pero entonces le veremos cara a cara. Yo no le conozco ahora sino imperfectamente: mas entonces le conoceré con una visión clara, a la manera que soy yo conocido.” Cuarenta y cuatro voces hacen el oficio de veintidós; imposible ser más palabrero y más lánguido. Cipriano de Valera es más fiel: “Ahora vemos por espejo, en oscuridad; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido.” Torres Amat opina que el versículo se refiere a nuestra visión de la divinidad; Cipriano de Valera (y León Bloy) a nuestra visión general.

Que yo sepa, Bloy no imprimió a su conjetura una forma definitiva. A lo largo de su obra fragmentaria (en la que abundan, como nadie lo ignora, la quejumbre y la afrenta) hay versiones o facetas distintas. He aquí unas cuantas, que he rescatado de las páginas clamorosas de Le mendiant ingrat, de Le Vieux de la Montagne y de L’invendable. No creo haberlas agotado: espero que algún especialista en León Bloy (yo no lo soy) las complete y las rectifique.

La primera es de junio de 1894. La traduzco así: “La sentencia de San Pablo: Videmus nunc per speculoum in aenigmate sería una claraboya para sumergirse en el Abismo verdadero, que es el alma del hombre. La aterradora inmensidad de los abismos del firmamento es una ilusión, un reflejo exterior de nuestros abismos, percibidos “en un espejo”. Debemos invertir nuestros ojos y ejercer una astronomía sublime en el infinito de nuestros corazones, por los que Dios quiso morir. Si vemos la Vía Láctea, es porque existe verdaderamente en nuestra alma.”

La segunda es de noviembre del mismo año: “Recuerdo una de mis ideas más antiguas. El Zar es el jefe y el padre espiritual de ciento cincuenta millones de hombres. Atroz responsabilidad que sólo es aparente. Quizá no es responsable, ante Dios, sino de unos pocos seres humanos. Si los pobres de su imperio están oprimidos durante su reinado, si de ese reinado resultan catástrofes inmensas, ¿quién sabe si el sirviente encargado de lustrarle las botas no es el verdadero y solo culpable? En las disposiciones misteriosas de la Profundidad, ¿quién es de veras Zar, quién es rey, quién puede jactarse de ser un mero sirviente?.”

La tercera es de una carta escrita en diciembre: “Todo es símbolo, hasta el dolor más desgarrador. Somos durmientes que gritan en el sueño. No sabemos si tal cosa que nos aflige no es el principio secreto de nuestra alegría ulterior. Vemos ahora, afirma San Pablo, per speculum in aenigmate, literalmente: en enigma por medio de un espejo y no veremos de otro modo hasta el advenimiento de Aquel que está todo en llamas y que debe enseñarnos todas las cosas”.

La cuarta es de mayo de 1904. “Per speculum in aenigmate, dice San Pablo. Vemos todas las cosas al revés. Cuando creemos dar, recibimos, etc. Entonces (me dice una querida alma angustiada) nosotros estamos en el cielo y Dios sufre en la tierra.”

La quinta es de mayo de 1908. “Aterradora idea de Juana, acerca del texto Per speculum. Los goces de este mundo serían los tormentos del infierno, vistos al revés, en un espejo.

La sexta es de 1912. En cada una de las páginas de L’Ame de Napoleón, libro cuyo propósito es descifrar el símbolo Napoleón, considerado como precursor de otro héroe -hombre y simbólico también- que está oculto en el porvenir. Básteme citar dos pasajes: Uno: “Cada hombre está en la tierra para simbolizar algo que ignora y para realizar una partícula, o una montaña, de los materiales invisibles que servirán para edificar la Ciudad de Dios.” Otro: “No hay en la tierra un ser humano capaz de declarar quién es, con certidumbre. Nadie sabe qué ha venido a hacer a este mundo, a qué corresponden sus actos, sus sentimientos, sus ideas, ni cuál es su nombre verdadero, su imperecedero Nombre en el registro de la Luz… La historia es un inmenso texto litúrgico donde las iotas y los puntos no valen menos que los versículos o capítulos íntegros, pero la importancia de unos y de otros es indeterminable y está profundamente escondida.”

Los anteriores párrafos tal vez parecerán al lector meras gratitudes de Bloy. Que yo sepa, no se cuidó nunca de razonarlos. Yo me atrevo a juzgarlos verosímiles, y acaso inevitables dentro de la doctrina cristiana, Bloy (lo repito) no hizo otra cosa que aplicar a la Creación entera el método que los cabalistas judíos aplicaron a la Escritura. Estos pensaron que una obra dictada por el Espíritu Santo era un texto absoluto: vale decir un texto donde la colaboración del azar es calculable en cero. Esa premisa portentosa de un libro impenetrable a la contingencia, de un libro que es un mecanismo de propósitos infinitos, les movió a permutar las palabras escriturales, a sumar el valor numérico de las letras, a tener en cuenta su forma, a observar las minúsculas y mayúsculas, a buscar acrósticos y anagramas y a otros rigores exegéticos de los que no es difícil burlarse. Su apología es que nada puede ser contingente en la obra de una inteligencia infinita.[2] León Bloy postula ese carácter jeroglífico -ese carácter de escritura divina, de criptografía de los ángeles- en todos los instantes y en todos los seres del mundo. El supersticioso cree penetrar esa escritura orgánica: trece comensales articulan el símbolo de la muerte; un ópalo amarillo, el de la desgracia…

Es dudoso que el mundo tenga sentido; es más dudoso aun que tenga doble y triple sentido, observará el incrédulo. Yo entiendo que así es; pero entiendo que el mundo jeroglífico postulado por Bloy es el que más conviene a la dignidad del Dios intelectual de los teólogos.

Ningún nombre sabe quién es, afirmó León Bloy. Nadie como él para ilustrar esa ignorancia íntima. Se creía un católico riguroso y fue un continuador de los cabalistas, un hermano secreto de Swedenborg y de Blake: heresiarcas.


[1] Writings, 1896, volumen primero, página 129.

[2] ¿Qué es tuna inteligencia infinita?, indagará tal vez el lector. No hay teólogo que no la defina; yo prefiero un ejemplo. Los pasos que da un hombre, desde el día de su nacimiento basta el de su muerte, dibujan en el tiempo una inconcebible figura. La Inteligencia Divina intuye esa figura inmediatamente, como la de los hombres un triángulo. Esa figura (acaso) tiene su determinada función en la economía del universo.

abraxas

Una de los objetivos de este blog es rescatar aquellas pequeñas manifestaciones artísticas, soportes simbólicos comúnmente soslayados, que nos abstraen por un momento de la corriente alienante, consumista e inhumana dominante, desde hace ya varios años, en la sociedad moderna; elevándonos suavemente, hacia un estadío en el que podemos entrever aquella sacralidad olvidada siempre presente en todo lo que nos rodea, opacada por la visión profana o profanadora del mundo, de este mundo que sólo recobra su sentido cuando estamos dispuestos a contemplar el destello regenerador de sus símbolos.
La prolífica banda sueca Therion, dueña de un estilo difícil de encasillar con las típicas etiquetas que tanto abundan entre los subgéneros del metal, comenzó su andanza a principios de los 90, ejecutando un death metal duro, denso, de una oscuridad abrumadora, pero sin demasiadas pretensiones. Sin embargo,  disco tras disco, Christofer Johnsson, el cerebro detrás de la bestia, logró consolidar un experimento musical sin precedentes, incorporando arreglos melódicos cada vez más complejos, letras maduras y harto profundas, algunas provenientes de la mano de su amigo y asiduo colaborador Thomas Karlsson. Los coros ostentosos y las voces líricas tomaron una presencia cada vez más preponderante, hasta implantar un nuevo paradigma en la escena musical europea, siendo considerados sino como pioneros, al menos como los principales exponentes del metal sinfónico (aunque en realidad, sea mucho más que eso).
Desde la crudeza sombría de sus primeros discos, hasta la sublimación musical que asciende como volutas de humo hacia lo alto del firmamento, con álbumes fantásticos como Vovin, Lemuria, Sirius B o su impresionante último trabajo, Gothic Kabbalah, como si de una obra alquímica se tratase, si se me permite tal comparación, los suecos nos invitan a sumergirnos en lo más profundo de nuestras almas mientras nos dejamos arrastrar por un camino sempirterno, intemporal, signado por la misteriosa armonía de sus composiciones.
Les dejo esta canción llamada Abraxas, que forma parte del interesantísimo disco Lemuria, editado en el 2004

Abraxas
[Lyrics by Thomas Karlsson]
[Music by Christofer Johnsson]

Eros and Thanatos are brances on the same old tree
Rooted in the soil of shadow and light
If God was seperated from the dark twin, the Devil
Could he ever know the soul of mankind?

We want a new god called Abraxas!

Enter the Pleroma and see that nothingless is all
And you must destroy a world to be born
Alpha and Omega are the beginning and the end
United in the shape of Abraxas

Darkness and the light
Sermones ad Mortous, empty fullness
Abraxas, your words is a riddle to be solved

You bear the mark of Cain
And you are fighting like a bird
(To) free you from the egg, the egg is all the world
The Sermon to the Dead
A gospel to another life
Hear the words of Cain, the sinner and the saint
The grave is a flower
And you are dying to be born
Baptized by fire and you will slough your skin
The sign of Abraxas
The circle of the solar year
Deep in the winter you’ll see the sun be born

Busca la llave de oro; con ella abrirás la verja del jardín del misterio, la que se encuentra oculta tras la espinosa rosaleda; tendrás que adentrarte en la oscuridad, mas no temas; allí encontrarás un quiosco sobre un montículo rodeado de estatuas de ángeles, musas y dioses, y en su centro verás que un pedestal sostiene una lámpara. Entonces sabrás que la luz de su fuego es la que buscas, pues hará que sobre el espejo se refleje lo invisible y que los símbolos, acallados por el sopor del olvido, te susurren al oído su verdad.

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