“El símbolo evoca, el lenguaje sólo explica. El símbolo se remite a todos los aspectos del espíritu humano a un tiempo, mientras que el lenguaje debe centrarse siempre en un solo pensamiento. El símbolo halla su raíz en las profundidades más secretas del alma, mientras que el lenguaje roza como un silencioso soplo de viento la superficie de la comprensión. El símbolo está orientado a lo interno, el lenguaje, a lo externo. Sólo el símbolo logra unir lo diferente, lo opuesto, en una impresión sintética. El lenguaje ensarta o meramente yuxtapone lo particular y diferente, presentando a la conciencia de un modo siempre fraccionado aquellos contenidos que, por su inefabilidad, deberían presentarse al alma en una sola intuición para ser aprehendidos. Las palabras convierten lo infinito en finito, pero los símbolos transportan el espíritu más allá de las fronteras de la finitud, del devenir, hasta el reino del infinito, el reino del ser. Los símbolos evocan, son cifras inagotables de lo indecible, son tan misteriosos como necesarios; como toda religión por su esencia, son los símbolos un discurso mudo que se corresponde en especial con la quietud de los sepulcros, y resultan inaccesibles a la blasfemia, a la duda, así como a los inmaduros frutos de la sabiduría.”*

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relieve-notre-dame1Relieve del pórtico central de Notre Dame de París.

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*Bachofen, Johann Jakob, Mitología arcaica y derecho materno, Barcelona, Anthropos,1ª ed., 1988.

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