Porque el cielo se tensó con nubes rojas
yo quebré mis flechas color cobre;

cuando vi la luna enrojecer el horizonte
arrojé mis perlas a un charco de sangre;

cuando el sol se ocultó tras las cenizas
entregué mi estandarte a la hoguera.

Ahora los muros de mi palacio son refugio de los lagartos;
yo deambulé perdida en sus salones
hasta que, desde dentro, abriste de par en par mis puertas.

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