En el patio del viejo castillo,
coronado con flores doradas,
o en aquel laberinto sinuoso,
que sólo hasta el Centro conduce
tus garras de hierro
o tal vez de bronce
rasguñan la piel de la tierra,
se hunden en húmeda hierba
para saltar directo al Empíreo.

León verde que devoras el Sol
haz que su sangre se vierta
y que las gotas color carmesí
revivan el jardín de tus sueños.

Eleva tu infinita mirada de plata,
deja que la luna te acerque sus labios
y resuelve el oscuro acertijo
que la Naturaleza jamás reveló.

.·.

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