“Quien entre en la basílica de San Ambrosio de Milán, uno de los lugares fundacionales de la cristiandad, se encontrará en seguida con una sorpresa: en el lado izquierdo de la nave central hay una columna aislada de granito, coronada con una serpiente de bronce, que se despliega, horizontalmente, en sus espiras. Según Landolfo el Viejo, cronista del siglo XI, esa serpiente fue donada por el emperador de Oriente Basilio al arzobispo Arnolfo, embajador de Otón III en Constantinopla, en el año 1001 o 1002. Dom Leclercq escribe: “El griego donó ese bello objeto de bronce haciendo creer que era la serpiente de bronce levantada por Moisés en el desierto. Esta fantasía tuvo gran repercusión en el pueblo, que no ha dejado de creer en ella, aunque los eruditos sean de distinto parecer.”

Desde hace miles de años en todo caso, ese desconcertante animal metálico “de forma elegante” hiere el poderoso y ponderado equilibrio románico de la basílica. Otros deben de haberlo percibido ya como un elemento extraño, dado que a finales del siglo XIII fue dispuesta una columna exáctamente simétrica, en la parte opuesta de la nave central, coronada por una cruz de bronce, hoy sustituida por una cruz decimonónica, que no alcanza a equilibrar el poder de la serpiente bizantina. En su sermón sobre los Salmos, Ambrosio se había referido ya al tema del paralelismo entre la serpiente de bronce y Jesús en la cruz: “Potest non timere serpentes, qui hunc novit adorare serpentem“, “Quien sabe adorar esta serpiente puede no tener miedo de las serpientes”.

Roberto Calasso, El rosa Tiepolo.

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serpiente-de-bronce

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Busca la llave de oro; con ella abrirás la verja del jardín del misterio, la que se encuentra oculta tras la espinosa rosaleda; tendrás que adentrarte en la oscuridad, mas no temas; allí encontrarás un quiosco sobre un montículo rodeado de estatuas de ángeles, musas y dioses, y en su centro verás que un pedestal sostiene una lámpara. Entonces sabrás que la luz de su fuego es la que buscas, pues hará que sobre el espejo se refleje lo invisible y que los símbolos, acallados por el sopor del olvido, te susurren al oído su verdad.

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Digan lo que digan, a mí me parecen los cuernos solares de Apis.

Apis es un psicopompo, ¿por qué no?

La sombría bestia ctónica que, con un grácil movimiento de sus espiras, nos inspira un emblema solar… Veneno y medicina, guardiana de todos los tesoros.

“todos los símbolos son dobles- dice en la misma obra Calasso-; pero la serpiente es más doble que los demás”.

Saludos Pola.

Interesante y compejo el simbolismo de la serpiente, presente en tantas tradiciones, y con tan alto poder de transmigración a lo largo de la historia en sus significados.( Cultos mistéricos, gnósticos, alquimia, magia etc…)
Quizás el de más poder fascinador, bajo el cual yo también me siento atraido.

Pero centrandonos en esta escultura de la basílica de San Ambrosio, que la tradición identifica con la serpiente de bronce de Moises, me muestro escéptico al igual que Calasso (del que no conozco su obra.)

Yo creo reconocer en esta imagen a una repesentación del “Agathodaimôn”
que en griego quiere decir “el buen genio” o “buen inspirador”, en su forma de serpiente benefactora, y que se rendia culto en Alejandria.
Culto de caracter mágico, que a la llegada de los cristianos fué erradicado y sus templos destruidos. De aquí es facil pensar que esta escultura llegara a Constantinopla, y después donada por el emperador de oriente a la basílica donde se encuentra actualmente.

No quisiera extenderme demasiado, pues este es un tema inagotable, solo apuntar un dato sobre alquimia cristiana que se puede encontrar en la obra de Alexander Roob “Alquimia y mística”:

“La serpiente de bronce que Moises clavó en la cruz para que fuese vista por todo el pueblo y se librase de la plaga que padecia, es símbolo de la fuerza curativa del elixir mercurial, o lo que es lo mismo de Cristo crucificado. Esta serpiente es poderoso rey natural que cura el mundo entero, como un bálsamo salino. Pero para que haga efecto, el cuerpo primaterial y venenoso tiene que ser despedazado y el espíritu volátil fijado con un clavo de oro.”

Abrazos!

Estimado Joaquín, muchas gracias por el aporte.

Cuando leía sobre la serpiente de bronce en el libro de Calasso, también recordé que se la citaba en “Alquimia&Mística” y repasé el interesante fragmento que comentas. Su lectura -junto a la de los libros de Corbin-, me llevaron a estos pensamientos que me has dado pie a compartir.

Al explorar el simbolismo de la serpiente en su libro, Calasso comenta los episodios de la Biblia en los que se cita a la serpiente de bronce, empezando por el éxodo de los judios desde Egipto y su travesía por el desierto.

Durante ésta -y a causa de las quejas contra Elohím y contra Moisés por las penurias continuas-, se cuenta que Yahvé envío serpientes que mordían a su pueblo. Cuando Moisés intercedió por ellos ante Yahvé, éste le dijo:

“Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un mástil. Todo el que haya sido mordido y lo mire, vivirá”.

Entonces Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un mástil, de forma que todo aquel que había sido mordido y la miraba seguía con vida.

El autor plantea el hecho, aparentemente paradójico, de que precisamente Moisés, aquel que había combatido la idolatría y destruido el becerro de oro, fabricara ahora una imagen, un ídolo hacia el que había que levantar la mirada. Pero la imagen de la serpiente así investida, alzada en el mástil y cuya visión podía evitar la muerte, no era un mero ídolo, sino una imagen metafísica, un símbolo. Aquel que puede “levantar la mirada” y experimentar la visión de la imagen como una epifanía, aquel que espiritualiza su forma material, pasa a percibirla con los “ojos de fuego”, con el órgano de conocimiento del alma que es la Imaginatio vera, instrumento de transmutación de lo sensible capaz de hacernos intuir la esencia oculta en la Imagen. Así, aquel que habiendo recibido el veneno alza los ojos y “ve” la serpiente es “curado”, “salvado”. La imagen de la muerte misma, del vehículo del veneno que mata a las gentes durante su “travesía en el desierto”, puede convertirse en la medicina si se “sabe adorar”. Esa mirada despertada al contemplarla, es la que puede penetrar en el mundo imaginal y alumbrar el cuerpo sutil o espiritual, cuerpo transfigurado de la resurreción y elixir de la vida.

Comenta Corbin en “El hombre y su ángel. Iniciación y caballería espiritual”:

“La Imaginatio vera como “cuerpo sutil” es a la vez el órgano y el fruto de su propia hierurgia: debe producir el cuerpo transfigurado de la resurrección al que la alquimia china llamaba “cuerpo de diamante”.

y explica Roger Munier en el prólogo del mismo libro:

“En el orden imaginal, por esencia unitario, el cuerpo no se opone ya al espíritu, pues también su estado es intermedio, sutil. El cuerpo imaginal (jism mithâli) es el cuerpo absolutamente propio, el cuerpo concreto y singular, que se ha hecho, de alguna forma, espiritual. Es sin duda cuerpo, pero cuerpo renovado, devuelto a una nueva juventud, cuerpo plenario y auroral, abierto a la riqueza indivisible del mundo creado, cuerpo inmerso en una realidad en adelante unitaria, donde los conceptos antagónicos de “espíritu” y “materia” no tienen ya cabida.”

En estos fragmentos encontraba el sentido de la sentencia alquímica que citas:

“Esta serpiente es poderoso rey natural que cura el mundo entero, como un bálsamo salino. Pero para que haga efecto, el cuerpo primaterial y venenoso tiene que ser despedazado y el espíritu volátil fijado con un clavo de oro.”

Y finalmente, comenta Calasso que la serpiente de bronce es nombrada por última vez en el Evangelio de Juan. Allí Jesucristo dice:

“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el hijo del hombre”.

Espero que te haya resultado interesante, como lo son siempre tus comentarios.

Un fuerte abrazo.

.

P.S. Sahaquiel, espero disculpes que haya reproducido aquí parte del comentario que escribí en tu bitácora.

P.S.II Abel, gracias de nuevo por la recomendación del libro.

Encuentro totalmente acertada la equiparación simbólica entre el texto de Corbín y la sentencia alquímica.

Al hilo de esto te dejo esta otra sentencia:

“Sólo lo que te mata te cura”

En el veneno de la serpiente también se encuentra la medicina que nos sana.
El báculo y la serpiente que lo rodea del dios Esculapio, aún hoy en dia es el anagrama de la medicina.

Me gustaria también comentarte algo sobre la leyenda de la construcción del templo al dios Agathodaimôn, en la fundación de Alejandria.
Dice Pseudo-Callísthenes en su historia de Alejandro:

“Alejandro Magno mandó sacrificár una serpiente y erigir un templo en honor del dios. Mientras se construia el templo, aparecieron numerosas serpientes de pequeño tamaño que encontraron cobijo en las casas recién construidas: desde entonces los sacerdotes del dios, oficiaron también para el dios en ambientes domésticos”.

En este caso la imagen de la serpiente se consideraba benefactora y protectora de las casas, en otros imagen del mal, como creo que pasó a ser vista en la Basílica de San Ambrosio al ponerle justo en la columna de enfrente una cruz de bronce para contrarestar su poder maléfico.

Tienes toda la razon al considerar su simbolismo como el más doble de todos.

Te felicito Pola por los interesantes temas que propones dando ocasión a comentarlos.

Un abrazo a todos. Joaquín

Pola (y todos), una pregunta: ¿con “imaginatio vera” os referís a la intuición intelectual (Guénon), intelecto puro, etc., es decir el conocimiento directo de la realidad? Y otra: ¿cuál es el texto o los textos donde aparece esa expresión (“imaginatio vera”) por primera vez?

Hola Daniel,

esa es una muy buena pregunta que nos llevó tiempo, lecturas y debates tratar de aclarar. Afortunadamente a veces se encuentran las respuestas incluso expresadas en una forma muy sencilla y esclarecedora en algunos textos. Por ejemplo, encontré una aclaración de Henry Corbin al respecto en “Templo y contemplación. Ensayos sobre el Islam iranio” (obra de la cual extraje algunos fragmentos para publicar un post en este blog). El fragmento en cuestión al que me refiero es éste (aunque hace referencia en particular a la representación del cosmos en la tradición teosófica del Islam, como verás, no difiere en absoluto de muchas otras tradiciones):

“Hay tres categorías de universo: está el mundo del fenómeno (‘âlam al-shahâdat), el dominio de las cosas que caen bajo la percepción de los sentidos (‘âlam al-molk). Está el mundo suprasensible (ghayb), mundo del Alma o de los Ángeles-almas, corrientemente designado con el nombre de malakût, “lugar” del mundus imaginalis cuyo órgano de percepción propio es el conocimiento imaginativo (Imaginatio vera). Está el mundo inteligible de las puras Inteligencias o Almas-Inteligencias, que se designa corrientemente como jabarût, y cuyo órgano de percepción adecuado es la intuición intelectual.”

En este sentido ambos órganos de conocimiento no serían asimilables. La Imaginatio vera es el órgano del alma: es ojo, luz que ilumina el mundo y mundo conocido por ella misma. Las formas contempladas -los seres que pueblan este intermundo- son símbolos, realidades formales e individuales, según las categorías en que suele expresarse Guénon. Las realidades espirituales se presentan ante el alma adoptando una forma, una imagen, reflejándose en ella como si fuera un espejo. La Imaginatio vera eleva a la categoría de símbolo lo que contempla y entiende que aquello que ve es la cifra (que debe ser descifrada), de una realidad oculta superior.

Por otra parte, la intuición intelectual supondría el acceso al mundo inteligible, (siguiendo de nuevo a Guénon, dominio informal o supraindividual), por contemplación directa, sin que sus realidades se epifanicen, es decir, sin que tomen una forma perceptible por el alma. La facultad de conocimiento que le es propia es la Intuición intelectual y, según Guénon, todo conocimiento de esta índole, (que por otro lado es el único verdadero Conocimiento según este autor), supone una identificación entre el contemplador y lo contemplado.

Respecto a la primera aparición de la expresión Imaginatio vera, no puedo contestarte ahora sin riesgo de equivocarme. Si averiguo la respuesta te lo haré saber (lo mismo digo, si lo averiguas tú antes, házmelo saber).

Espero que la respuesta te haya resultado explicativa. Si no fuera así, o bien encontraras respuestas diferentes al respecto, sería un placer que las compartieras.

Un placer tenerte por aquí.

Abrazos.

Muchas gracias, Pola. Ahora tengo un poquito más clara la idea de lo que significa imaginatio vera. Las explicaciones acerca de lo que concierne al funcionamiento de los símbolos, el lenguaje alquímico y demás me resultan más oscuros que la pura metafísica, así que a veces una explicación directa y clara como la tuya viene muy bien.

Sobre el origen del término, tampoco es que me interese saber el origen exacto de la expresión, era más bien una curiosidad por si es un concepto aristotélico, o medieval, originario de la escolástica, o de los renacentistas, etc. He encontrado por ahí alguna alusión a Paracelso, pero en todo caso si averiguo algo más exacto lo compartiré.


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