“Nos han contado esta historia de Dhun-n-Nun:

«Yo pregunté a una mujer: ‘Cuándo está el amante enteramente preocupado (por el amor)? Es cuando su invocación es perpetua y su ardiente deseo está constantemente presente.’

‘¡Oh, Dhun-n-Nun!, ¿acaso no sabes que el ardiente deseo provoca las enfermedades y que el recuerdo permanente engendra la tristeza?’.»

Ella añadió:

No pude probar los manjares exquisitos de Tu unión

hasta que se calmó el amor que yo sentía hacia los hombres.

Dhun-n-Nun le respondió lo siguiente:

El amante es bienaventurado cuando su unión prospera;

¡pero su amor se exalta al término de la unión!

Ella respondió: «¡Qué pena me das; sí, qué pena me causas; sí, qué pena me causas! ¿Acaso no sabes que no es posible unirse a Él más que desprendiéndose de todo excepto de Él»

Se me ocurrió que si ella me hubiera hablado de cosas semejantes, yo le habría respondido: Entonces, ¡Él está allá a lo lejos (y sólo allí)!”

Ibn ‘Arabî, Tratado del Amor, Buenos Aires, Ed. Edaf, 4º edición, agosto 2005

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