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Te supiste perdido, joven eterno,

y buscaste el corazón del bosque.

Hendiste el vientre del mundo, dragón aletargado,

y su sangre bendita brotó incandescente.

Escuchaste la voz que dice: “alúmbrame en ti,

yo ilumino tu nombre en la piedra”.

He aquí el pacto celeste, ahora es siempre.

Sin tu paso los puentes se quiebran.

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Meister_der_Manessischen

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