“¡Pobres de los que viajáis solos…!

Tú que conoces todos los signos,

Tú que has recorrido todos los caminos,

No te vayas sin mí.”

Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî

.

Descabalgué ante un precipicio al ver truncada mi ruta.

Más allá niebla, más allá nada; agotados los caminos.

Y allí me detuve, abatido, tras haber creído superado todo obstáculo o peligro.

-¡Apártate de tu vista! -oí entonces -, te haces sombra a ti mismo;

a contraluz no se lee el mapa que conduce a tu destino.

-¿Quién eres tú que crees conocer la magnitud de mi anhelo mejor que yo?

pregunté a aquel extranjero.

Te ocultaste a mi mirada– sentenció- pero soy la verdad que hay en ti

enviada al mundo a recuperarla.

Creíste en la existencia del castillo aunque no pudieras verlo

y ahora que estás aquí, ¿te detendrás ante sus puertas?

¡Mira mejor!, ¿no puedes verlas?

Escúchame, esto es lo que te pido:

donde ayer creíste que sólo había un foso

es hora de contemplar el puente levadizo.

.

¡Oh, heraldo del rey que partiste de tu hogar en aquel día!,

dime pues: ¿qué otro mensaje crees que llevarías?

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