“La rosa, que ve aquí tu ojo exterior,

ha florecido así desde la eternidad en Dios.”

Angelus Silesius

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Los emblemas de las colecciones renacentistas que, como explica Federico González, tienen un antecedente en los Hieroglyphica de Horapolo [1], están compuestos esencialmente de una imagen o cuerpo que suele invocar un motto latino o alma del emblema; ambos, en ocasiones, van acompañados de un texto que permite descifrarlos. Pero, por tratarse de construcciones simbólicas, sus niveles de interpretación no pueden estar limitados a la letra de tal explicación; constituyen, por lo tanto, un poderoso soporte para la meditación en aquellas verdades veladas y al mismo tiempo desveladas por sus enigmáticas representaciones. Giordano Bruno, quien desarrolla en parte de su obra una exégesis esotérica de los Emblemata de Alciato, afirma también que éstos se derivan claramente de los antiguos jeroglíficos egipcios: un lenguaje universal por el que los sabios “captaban los discursos de los dioses para la ejecución de maravillas” [2].

El que presentamos y traducimos a continuación, por su inestimable elocuencia, no requiere de mayores explicaciones.

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ANULI, ΣΦΡΑΓΊΔΙΟΝ.
ΑΙΏΝΙΟΝ, ΚΑῚ ΠΡΌΣΚΑΙΡΟΝ

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“Porque mi ascendencia es oscura, y ningún noble linaje puede rastrearse desde mis antepasados, y porque mi padre era el Anillo, mi madre la Rosa, uso una imagen derivada de mis padres. El ANILLO, una serpiente que retorna a sí misma, es el Jeroglífico de la Eternidad; mientras que la ROSA que muere el mismo día en que nace, es un claro signo de la naturaleza efímera del cuerpo. Que este sea mi emblema: pues, evidentemente, estoy hecho de cuerpo mortal y alma eterna.”

Barthélemy Aneau*, Picta poesis (1552)

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*El autor utiliza un juego de palabras bilingüe: Aneau=Anulus (Anillo)

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[1] Federico González, Las utopías renacentistas: Esoterismo y Símbolo. Ed. Kier, 1º ed., Buenos Aires, 2004.

[2] Giordano Bruno, Mundo Magia Memoria. Ed. Biblioteca Nueva, S.L., Madrid, 1997. Edición de Ignacio Gómez de Liaño.

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