La gota cae,

desprendida de una nube gris,

arropada y rasgada por el aire.

Cae,

hasta golpear las aguas calmas

que en su inmaculada superficie,

replican el mensaje de los astros.

Océano infinito,

golpeado en un instante de reverberación eterna.

Y la gota -que no es gota- no se pierde,

es un punto irreductible en el océano,

un punto que concentra y que contiene

la inaprensible inmensidad del universo.

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