“Madrugó el amigo e iba buscando a su Amado y encontró gente que iba por los caminos y les preguntó si habían visto a su Amado. Y respondiéronle diciendo: ‘¿Cuándo fue la hora en que tu Amado estuvo ausente de tus mentales ojos?’ Respondió el amigo: ‘Después que vi a mi Amado en mis pensamientos nunca jamás estuvo ausente de mis ojos corporales, porque todas las cosas visibles me representan a mi Amado.”

Ramon Llull, El libro del amigo y del Amado.

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