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Dejo aquí un fragmento de Burnt Norton,  el primero de los cuatro cuartetos de la célebre obra de T. S. Eliot:

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“En el punto inmóvil del mundo que gira.

Ni carne ni ausencia de carne; ni desde ni hacia;

En el punto inmóvil: allí está la danza,

Y no la detención ni el movimiento.

Y no llamen fijeza

Al sitio donde se unen pasado y futuro.

Ni ida ni vuelta, ni ascenso ni descenso.

De no ser por el punto, el punto inmóvil,

No habría danza, y sólo existe danza.

Sólo puedo decir: allí estuvimos,

No puedo decir dónde; tampoco cuánto tiempo,

Porque sería situarlo en el tiempo.

Librarse interiormente del deseo material,

Descargarse de la acción y el sufrimiento,

De la compulsión externa e interna, rodeada sin embargo

Por una gracia de sentido,

Una luz blanca inmóvil que se mueve,

Erhebung* sin movimiento, concentración sin eliminación,

Un nuevo mundo y el viejo que se hacen explícitos, se aclaran

En la consumación de su éxtasis parcial,

La resolución de su parcial horror.

Pero el encadenamiento de pasado y futuro,

Tejidos en la debilidad del cuerpo cambiante,

Ampara al género humano del cielo y la condenación

Que la carne no puede soportar.

El tiempo pasado y el tiempo futuro

Sólo permiten mínima conciencia.

Ser consciente significa no estar en el tiempo,

Pero sólo en el tiempo puede el momento en el jardín de rosas,

El momento en la pérgola bajo el azote de la lluvia,

El momento en que desciende el humo sobre la iglesia atravesada por corrientes de aire,

Ser recordados, envueltos en el pasado y el futuro.

Sólo con tiempo se conquista el tiempo.”

T. S. Eliot, Cuatro Cuartetos

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*Erhtbung: elevación, éxtasis.

“Si el Señor no construyera una casa, en vano se afanarían los canteros; si el Señor no custodiara la ciudad, inútilmente vigilarían los guardianes.” (Sal 127:1)

“No debemos esperar a que esta invisible presencia nos sea demostrada objetivamente para entrar en diálogo con ella. Nuestro diálogo es en sí mismo la prueba, pues es el a priori de nuestro ser.” Henry Corbin

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Un paso que requiere un puente hecho en madera que sólo crece en la otra orilla. Poder volar sobre el precipicio es tener ya las alas que otorga el infinito.

Suena imposible, como empezar la casa por el tejado. Pero el secreto es que la casa ya está construida, el santuario verdadero tiene una puerta, pero sólo se abre desde el interior.

¿Cómo puede entonces realizarse todo esto?

Porque nadie que conociera la verdad dijo que estés solo o desarmado. Cuando pienses en quién eres no termines en ti mismo. La llave está en la mano en que nunca se extravía: es el guardián, es el paso y es la meta; es el centro, el radio y la circunferencia. Búscalo o déjate encontrar por él.

Se como una hormiga recorriendo una caracola.

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“Yo te di la punta de una cuerda de oro,
Solo enróllala en un ovillo,
Ella te conducirá a la Puerta del Cielo
Construida en la muralla de Jerusalén”.

William Blake

Hermann Hugo, Gottselige Begierde, 1622

Busca la llave de oro; con ella abrirás la verja del jardín del misterio, la que se encuentra oculta tras la espinosa rosaleda; tendrás que adentrarte en la oscuridad, mas no temas; allí encontrarás un quiosco sobre un montículo rodeado de estatuas de ángeles, musas y dioses, y en su centro verás que un pedestal sostiene una lámpara. Entonces sabrás que la luz de su fuego es la que buscas, pues hará que sobre el espejo se refleje lo invisible y que los símbolos, acallados por el sopor del olvido, te susurren al oído su verdad.

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