“Cuando una Imagen llega a tu corazón y allí se aposenta,

En vano tratarás de huir; la Imagen quedará en ti,

A menos que sea imagen vaga y sin substancia,

Que se desploma y desvanece como aurora embustera.

Pero yo soy semejante a la verdadera aurora, yo soy la luz

de tu Señor”.

Mawlânâ Yalâl al-Dîn Rûmî

“Y brilló una aurora de la cual tú eras la oscuridad”

.

Ven a alumbrar mi rostro, Ángel: quiero ser divisa en tu estandarte;

hilo de rojo oro y plata, bordado sobre Luz trenzada.

Jamás oí un cuerno sonar pero reconozco su reclamo,

y al fénix cantando alto más allá de las murallas.

La serpiente muerde su cola para darte una corona,

Señor de la ciudadela en la montaña sin sombra.

Tú que guardas la perla radiante y en tus manos todos los tesoros:

cuéntame entre tus joyas o lánzame al abismo.

.

La puerta de los cielos se está abriendo,

la puerta de la tierra se está abriendo,

parecen tirar de mí:

Un paso hacia una de ellas es un paso en falso -me dices-,

pues la puerta verdadera no tiene umbral ni dintel.

Y Tú estás tras ella.

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