Tras cruzar la séptima puerta en la séptima muralla, accedió a un gran patio. Pero todo se veía yermo y abandonado. Sediento, se acercó a un pozo que había en el centro, pero tampoco pudo sacar agua. Entonces oyó un aleteo y vio a un cuervo posarse sobre la polea, la única criatura con vida del lugar. Y tras observar curioso a aquel hombre durante unos instantes, dijo el pájaro con su burlona voz cascada:

– ¿No te advirtieron, antes de zarpar, que aquí sólo encontrarías lo que llevas contigo?

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