por Tariq Ashfaq 

 Y a Él seréis devueltos. 

Corán, 36:83

 

El Sah Wahhaj al-Din Qalandar fue un maestro espiritual de la orden sufí Qalandari-Qadiri de la India. Vivió entre la segunda mitad del siglo diecinueve y la primera del veinte. Fue iniciado en la orden por el Sah Taqi Ali Qalandar, maestro espiritual eminentísimo que vivió en Kakori, cerca de Lucknow. Luego del fallecimiento del Sah Taqi Ali Qalandar, continuó su desarrollo espiritual en las santas manos del Sah Ali Anvar Qalandar que fue descendiente directo del maestro desaparecido. Además de haber escrito algunos trabajos de gran autoridad sobre el sufismo, se dice que el Sah Wahhaj al-Din Qalandar realizó un gran número de milagros durante su vida. Su sobrino, Alim Qaysari, fue también un sufí prominente, además de poeta y escritor del más alto nivel, que compiló gran número de hechos sucedidos durante la estadía terrena del Sah en un libro titulado Uyum al-Ma’arif (Las Fuentes de la Sabiduría). Deseamos traducir de éste último uno de tales sucesos, que cuenta acerca del estado póstumo de una iniciada muy querida por él. Se debe aclarar desde el principio que el hecho en cuestión arroja luz sobre el estado post mortem del iniciado, aunque no sea el de uno que haya realizado el mayor grado de desarrollo espiritual, pero tampoco se trate de un ser humano común.

 

 

Texto

El Sah Wahhaj al-Din Qalandar sentía gran afecto por su comadrona, de sobrenombre Munni. En el momento de su muerte, el Sah vió el espíritu de la mujer saliendo del cuerpo como si un vidrio hubiese estallado y soltado aire polvoriento (ghubari hawa) ante sus ojos. Tanto el Sah Ali Anvar Qalandar como el Sah Taqi Qalandar continuaron con su ayuda espiritual hasta que el espíritu de Munni quedó considerablemente purificado de los lazos corporales (muqtadiyat-i nasuti). Preocupado por el estado póstumo de la mujer, el Sah Wahhaj al-Din Qalandar envió su mirada espiritual en busca de su paradero. Exploró en el mundo de la percepción espiritual (alam-i ma’na)1 o de lo inmanifestado, pero allí no pudo encontrar ni rastros de ella. Temiendo que pudiese haber quedado demorada en la forma corporal (nasut) preguntó entonces al Sah Ali Anvar Qalandar qué podría haber sucedido con ella. ¿Dónde había ido, finalmente? Este último le dijo que los iniciados de su orden (Qalandari-Qadiri) no se demoraban más en el mundo de la corporalidad (nasut) luego de la muerte física e incluso le mostró una estación (maqam) en donde los Nombres divinos (asma) entran en colisión (tasadum) unos con otros. Le pidió ir y visitarla allí. Entonces, el Sah Wahhaj al-Din Qalandar trató de buscarla otra vez  en aquella estación particular del mundo de la percepción espiritual (alam-i ma’na) y llegó finalmente a un lugar en donde había un horno como el que se usa para cocer ladrillos, cubierto con una tapa, cuyo interior estaba repleto de fuego. Luego de quitar la tapa pudo ver a Munni con un vestido hecho de llamas. Él le preguntó si se encontraba bien. Repentinamente,  el vestido hecho de llamas se separó por sí mismo del cuerpo sutil de la mujer con un chasquido. Entonces ella tomó una forma rosada, sonrió y voló más allá.

 

Comentario2

El espíritu humano (ruh-i insani) en su viaje póstumo retorna a su morada – la Realidad Última (haqiqah) de acuerdo con la expresión coránica “pero volverán todos a Nosotros”3. En el proceso de retorno el espíritu arriba a la estación en donde todos los Nombres divinos (asma) colisionan (tasadum) simultáneamente unos con otros, de lo que resulta su supresión. Este fenómeno llamado ‘muerte de los espíritus’ (maut al-arwah) o estación de la aniquilación total (fana-i mahd) ha sido mencionado por el Jeque Abd al-Karim Jili en su libro (Cap. 61) titulado El Hombre Universal (Al-Insan al-Kamil). “Frente al rostro del Absoluto (qadim) lo relativo (hadith) no deja señal de su existencia”, dijo el Jeque Junayd Badhdadi.

Da la casualidad que el espíritu humano (ruh-i insani) tiene un carácter dual. Por un lado es determinado (mutayyan) y por lo tanto está caracterizado por cierta relatividad (huduth), mientras que por otro lado está orientado hacia la Realidad Última (haqiqa) y posee ipso facto los atributos de lo Absoluto (qidam). Desde el punto de vista de huduth el espíritu sufre la aniquilación (fana) y como resultado experimenta una suerte de sofocación (habs), pero también es verdad que es indestructible (ghayr fani) en tanto que participa de la naturaleza de la Realidad Última (haqiqa) puesto que lo que existe (wujud) no puede al mismo tiempo no-existir (madum). Sin embargo, el sufrimiento experimentado por el espíritu durante el estado transitorio (hadith) toma la forma de un fuego que lo envuelve. Ocurre incluso en nuestra vida ordinaria, cuando en un estado de sofocación uno siente que el calor sube desde el corazón y se esparce por todo el cuerpo, produciendo ansiedad. Lo mismo se puede decir de los sucesos que ocurren en el mundo de la percepción espiritual (alam-i ma’na) en el que las cualidades (sifat) toman formas corpóreas. Por tanto el sufrimiento durante la aniquilación total (fana-i kulli) toma la forma de fuego en el estado póstumo. Pero aquél que ha alcanzando el grado más alto de desarrollo espiritual (irfan), es decir, el estado incondicionado (sarafat) durante su vida experimentará, luego de su muerte física, una unión beatífica (mawasilat-i haqiqi) con la Realidad Última, en vez del estado de sofocación durante la aniquilación. De hecho, su espíritu tiende a deshacerse de los lazos corporales (kathafat-i jismi) después de haber superado su dimensión corporal (jahat-i huduth) y vuelve finalmente a su condición no-compuesta (basit) en el Ser Único (wujud), en donde se realiza la beatitud perpetua. Pero el iniciado que posee un grado menor y relativo de realización espiritual experimenta el sufrimiento proporcionalmente a sus lazos (lawth-i huduth) con el dominio temporal. Si bien los lazos mayores llevan períodos más largos de sufrimiento, los menores permanecerán sólo por un rato.

 En conclusión, cuando el Sah Wahhaj al-Din Qalandar quiso saber acerca de la condición póstuma de Munni, ella se encontraba en un estado de sufrimiento (y por tanto inaccesible) es decir que su espíritu sufría el proceso de aniquilación (fana) como resultado del cual su determinación (ta’ayyun) comenzaba a desasirse. Luego de recibir la aprobación de su maestro, el Sah Wahhaj al-Din Qalandar la siguió al lugar (maqam) de su sufrimiento en donde todos los Nombres divinos colisionaban. Lleno de amor y compasión (uns-o inayat) el Sah ayudó a su espíritu a salir del horno cuando quitó la tapa que actuaba como un velo para ella. Entonces él le preguntó si se encontraba bien. Al ser ésta una pregunta de naturaleza compasiva, la liberó, y ella experimentó una beatitud emancipadora (inbisat) agradeciendo con un chasquido que el vestido de fuego se separara de su cuerpo. Liberado (farigh) así de las ataduras, su espíritu sonrió y se adentró en el reino del Absoluto (alam-i itlaq).

 

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Notas:

1- Puede decirse que el alam-i ma’na es el punto de encuentro entre lo manifestado y lo inmanifestado de modo que el ser que reside en él ya ha viajado mucho, pero que aún debe ir más allá.

2- El suceso descrito arriba es comentado por Alim Qayasari.

3- Corán, 21:93.

 

[Texto aparecido en el último número de la revista digital Oriens]

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