“Sin duda puedes volar,

¿por qué debo darte plumas y alas?”

“Por tus plumas y alas

cortaría yo las mías

y por el suelo reptaría…”

Rumi

La barca que lleva el Sol hasta el cielo, es un navío alado, es un pájaro. Asciende triunfante, luminosa, desplegando sus nuevas alas crecidas cada alba como rocío condensado. La luz que la ilumina viaja en su interior y juntos se elevan envueltos en la gloria de la aurora a quien coronan. Pero, ¿quién fue anoche mismo? ¿Quién es en cada noche? Nada le vino dado aquí pues el horizonte a alcanzar, sin el que no habría ascenso posible, podría haberle sido infranqueable. Pero ella comprendió la misión sin igual que le ha sido encomendada: recorre el sombrío río de los muertos que lleva hasta el desierto, y después ese desierto nocturno que jamás terminaría si no elevara el astro que ella misma transporta. Para poder cruzarlo surcando sus arenas quien se sabe pájaro debe convertirse en serpiente. Y la serpiente en pájaro.

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