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Debes romper la cáscara que oculta el núcleo, para que tus ojos puedan contemplar la inmensidad del mundo en el interior de la semilla más pequeña.

Debes romper el huevo para que todas las posibilidades se actualicen en el eterno presente.

Debes rasgar el velo del templo con la más sutil punta de la aguja.

Pero no debes romper la cáscara, ni el huevo, ni rasgar el velo, antes de tiempo.

Debes dejar madurar el embrión.

El embrión que se abre al universo desde el interior.

El embrión que has sido desde siempre.

 

 

Había un hombre que vivía en las montañas. No sabía nada de los que vivían en la ciudad. Sembraba trigo y comía el grano crudo.

Un día fue a la ciudad. Le dieron pan bueno. Dijo: “¿Para qué sirve?”. Le respondieron: “¡Es pan para comer!”. Lo comió y le agradó su sabor. Dijo: “¿De qué está hecho?”. Le respondieron: “De trigo”.

Más tarde le ofrecieron pastas amasadas con aceite. Las probó y dijo: “¿Y esto de qué está hecho?”. “De trigo”, respondieron.

Finalmente le ofrecieron unos excelentes pasteles a base de aceite y miel. Dijo: “¿Y de qué se hace esto?”. Los otros respondieron: “De trigo”. Él respondió: “Yo soy quien domina todo esto, pues como su esencia, ¡el trigo!”.

Por razón de tal perspectiva, no conocía nada de los deleites del mundo; no existían para él. Lo mismo le ocurre a quien capta el principio y no conoce las delicias que se derivan del principio, que divergen de éste.

Zohar 2:176 a-b

(extraido de: Daniel C. Matt, La cabala esencial, Barcelona, Robinbook, 1997)

 

 

 

Has perdido tu vida, decían mirando mis manos vacías

y nadie oía

al Dios que cantaba en mi corazón.

 

 

 Louis Cattiaux

 

 

Busca la llave de oro; con ella abrirás la verja del jardín del misterio, la que se encuentra oculta tras la espinosa rosaleda; tendrás que adentrarte en la oscuridad, mas no temas; allí encontrarás un quiosco sobre un montículo rodeado de estatuas de ángeles, musas y dioses, y en su centro verás que un pedestal sostiene una lámpara. Entonces sabrás que la luz de su fuego es la que buscas, pues hará que sobre el espejo se refleje lo invisible y que los símbolos, acallados por el sopor del olvido, te susurren al oído su verdad.

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